Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
—Y aquel macarra de Eriksson… Joder, ha sido una suerte que por lo menos hayas conseguido arrestar a ese cabronazo. ¿Me oyes? ¿Has oído lo que te he dicho?
—Sí, claro —dijo Martin Beck ausente—. Claro que te escucho.
Era verdad. Estaba prestando atención, aunque durante los últimos diez minutos la voz de Kollberg le había parecido cada vez más lejana. Dos ideas muy dispares le habían cruzado la mente. Una de ellas, cierta asociación de ideas sobre algo que había oído decir a alguien, volvió a hundirse en el fango de sus pensamientos incompletos y olvidados enseguida. La otra, en cambio, era más concreta, un nuevo plan para abordar el problema y, por lo que él entendía, factible.
—Tuvo que haber conocido a alguien a bordo —se dijo a sí mismo.
—Si es que no fue un suicidio —replicó Kollberg con una cansada ironía.
—Alguien que no pensara matarla, por lo menos al principio, y que no tenía por qué mantenerse oculto…
—Claro, eso es lo que creemos, pero de qué nos sirve…
Martin Beck visualizó nítidamente una escena de su último día de julio en Motala. El feo Junoesquivaba la draga y se dirigía hacia la dársena del puerto.
Se enderezó, cogió la vieja postal y la miró fijamente.
—Lennart —dijo—. ¿Cuántas cámaras de fotos se dispararon durante aquellos días? Por lo menos veinticinco, más bien treinta, tal vez cuarenta. En cada esclusa algunas personas bajaron corriendo a tierra para fotografiar el barco y luego los unos a los otros. Hay fotos de aquel viaje pegadas en veinte o treinta álbumes de familia. Todo tipo de imágenes, las primeras del muelle de Riddarholmen de Estocolmo y las últimas del puerto de Lilla Bommen en Gotemburgo. Imagina que veinte personas exponen treinta fotogramas cada una durante tres días. Calculando por lo bajo, un rollo por persona. Y algunos utilizaron películas de 16 milímetros. Lennart, tiene que haber por lo menos seiscientas fotografías… entiendes… seiscientas. A lo mejor mil.
—Sí —respondió Kollberg lentamente—, entiendo lo que quieres decir.
Capítulo 17
—Claro, eso significa un trabajo enorme —reconoció Martin Beck.
—No será peor de lo que ya estamos haciendo.
—Tal vez sea una idea precipitada, quizá me equivoque.
Llevaban muchos años jugando al mismo juego. Martin Beck dudaba y necesitaba apoyo. Conocía de antemano la respuesta que le iba a dar y, además, que Kollberg sabía que él lo sabía. Aun así se mantuvieron fieles al ritual.
—Algún resultado obtendremos —insistió Kollberg.
Y al cabo de unos segundos añadió:
—Además, ya no partimos de cero. Hemos averiguado dónde se encuentran, con pocas excepciones, y hemos contactado con la mayoría.
A Kollberg se le daba bien parecer convincente. De hecho era una de sus especialidades.
Después de un rato, Martin Beck preguntó:
—¿Qué hora es?