Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
Ahora se podía ver todo el barco virando lentamente en el canal, envuelto en una perezosa nube de humo blanco grisáceo que reflejaba la luz sesgada de la tarde.
Pero nadie en la sala de proyecciones se fijaba ya en el barco. El disperso grupo de pasajeros del camino se había acercado tanto que se podían distinguir ciertos detalles. Martin Beck identificó enseguida a Günes Fratt, el estudiante de medicina de veintidós años de Ankara. Iba a la cabeza, gesticulando con el que tenía más cerca.
Luego la vio a ella.
Tal vez quince metros más atrás del grupo principal, aparecieron dos figuras más. Una de ellas era Roseanna McGraw, todavía con pantalones de color claro y jersey oscuro. A su lado, dando pasos largos, caminaba el hombre de la gorra de deporte.
Seguían estando lejos.
«Ojalá haya suficiente película», pensaba Martin Beck.
Se iban acercando. El encuadre de la cámara seguía manteniéndose.
¿Podrían distinguir esas caras?
Se vio cómo aquel hombre alto la cogía del brazo para ayudarla a salvar un charco en medio del camino.
Centelleo. Fin. Se encienden las luces.
Tras quince segundos de silencio absoluto, el comisario Hammar se levantó de la silla y se dirigió al fiscal provincial, al fiscal de la ciudad de Motala y a Larsson.
—Hora de comer, señores. Invita el Estado.
Miró inexpresivamente a los demás y dijo:
—Me imagino que os quedaréis un ratito más. Stenström también les acompañó. En realidad, él estaba ocupado con otro caso.
Kollberg lanzó una mirada inquisitiva a Melander.
—No, nunca había visto a ese hombre.
Ahlberg ocultaba la cara con la mano derecha.
—Un pasajero de cubierta —dijo. Se dio la vuelta hacia Martin Beck.
—¿Te acuerdas del chico que nos enseñó el barco en Bohus? Aquella cortina que se podía correr por si algún pasajero de cubierta quería descansar en los sofás…
Martin Beck asintió.
—El ciclomotor no estaba desde el principio. La primera vez que lo vi fue en las esclusas después de Söderköping —explicó Melander.
Sacó su pipa y la toqueteó con el pulgar.
—El hombre de la gorra de deporte también aparecía allí —dijo—. Una vez, al fondo, en ángulo.
Al proyectar de nuevo la película, comprobaron que tenía razón.
Capítulo 20
Las primeras nieves del invierno habían empezado a caer. Grandes copos mojados chocaban contra las ventanas y se derretían enseguida dejando anchos rastros sobre los cristales. Los canalones susurraban y unas pesadas gotas de agua salpicaban al caer en el alféizar.