Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
Kollberg fue por la escalera. Tenía instrucciones de quedarse medio tramo por debajo del apartamento y de no avanzar hasta que le dieran la señal. Martin Beck intentó llamar al ascensor, pero no funcionaba. Subió corriendo y pasó de largo a un sorprendido Kollberg, ya en la primera planta. El ascensor se hallaba en la segunda, como cabía esperar, Stenström había dejado la verja interior abierta. Con esta maniobra consiguió arruinar la parte del plan que preveía que Martin Beck subiera hasta la planta superior y se aproximara a la puerta de la casa desde arriba.
El apartamento seguía en silencio, pero Stenström por lo visto apostó por la rapidez, ya que a los treinta segundos se oyó un grito apagado y un ruido. Martin Beck tenía la llave preparada y diez segundos más tarde se encontraba en el dormitorio de Sonja Hansson.
La chica estaba sentada sobre la cama y Stenström en mitad de la habitación bostezando, Ahlberg lo había inmovilizado doblándole el brazo derecho hacia la espalda.
Martin Beck silbó y Kollberg irrumpió en el apartamento como una locomotora exprés. Con las prisas tiró la mesa del recibidor. No había tenido que abrir ninguna puerta.
Martin Beck se frotó la nariz y miró a la chica.
—Bien —dijo.
Ella había optado por una actuación realista, como Martin Beck esperaba. Estaba descalza y con las piernas desnudas, y vestía una fina bata de algodón de manga corta que le llegaba por encima de las rodillas. Sin duda no llevaba nada debajo.
—Me pongo algo y os preparo café —propuso.
Entraron en la otra habitación. Se unió a ellos casi al momento, vestía sandalias, vaqueros y un jersey marrón. Diez minutos más tarde el café estaba servido.
—Mi llave no abre bien —advirtió Ahlberg—. Tuve que hacer unas maniobras del diablo.
—Tampoco importa —intervino Martin Beck—. Nunca tendrás tanta prisa como nosotros.
—Te he oído en la escalera —observó Stenström—. Justo cuando ella abría.
—Suelas de goma —sugirió Kollberg.
—Abre antes —replicó Martin Beck.
—La mirilla del guardarropa está bien —dijo Ahlberg—. Te he podido ver casi todo el tiempo.
—Saca la llave la próxima vez —aconsejó Stenström—. Si supieras la tentación que he tenido de encerrarte…
Sonó el teléfono. Todos se quedaron petrificados.
La chica lo cogió.
—Diga… hola… no, esta noche no… bueno, voy a estar ocupada un tiempo… ¿Qué si he conocido a un hombre…? Bueno, algo así.
Colgó desafiando sus miradas.
—No era nada —dijo.
Capítulo 28
Sonja Hansson estaba en el baño aclarando la ropa. Al cerrar el grifo y enderezarse, oyó sonar en el salón el timbre del teléfono. Entró corriendo y levantó el auricular aún con las manos mojadas.
Era Bengtsson.
—La cómoda está en camino —informó—. La furgoneta llegará dentro de un cuarto de hora.