Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
Martin Beck se sentó frente a él, sacó el paquete de Florida y lo dejó en la mesa.
—Pareces cansado —observó.
—Mis vacaciones se han ido a la mierda.
Ahlberg vació el vaso de café, lo apretujó y lo tiró debajo de la mesa en dirección a la papelera.
El desorden del escritorio resultaba llamativo. Martin Beck recordó el suyo en Kristineberg, con un aspecto bien distinto.
—Bueno —dijo—, ¿cómo van las cosas?
—No van —se lamentó Ahlberg—. Después de más de una semana sólo sabemos lo que nos han contado los forenses.
Por costumbre, pasó a la típica jerga.
—Extinta por estrangulamiento con dosis de una brutal violencia de naturaleza sexual. Su autor, un salvaje. Indicios de inclinaciones perversas.
Martin Beck sonrió. El otro le miró inquisitivamente.
—Has dicho extinta.Yo también empleo esos términos de vez en cuando.
—Redactamos demasiados informes…
—Joder con los condenados informes.
Ahlberg suspiró y se rascó la cabeza.
—La sacamos hace ocho días —recordó—. Desde entonces no hemos descubierto nada. No sabemos quién es, no tenemos ni lugar del crimen ni sospechoso. No hemos encontrado ni una sola pista que pudiera tener alguna relación razonable con ella.
Capítulo 4
«Extinta por estrangulamiento», pensaba Martin Beck.
Estaba repasando un montón de fotografías que Ahlberg había recuperado entre el desorden de su mesa. Las fotos mostraban la presa de la esclusa, la draga, el cucharón en primer plano, el cadáver sobre la lona y sobre la camilla de la morgue.
MartinBeck le enseñó a Ahlberg la foto que tenía en la mano y dijo:
—Podemos hacer siluetear y retocar esta foto en la que se la ve más limpia. Luego ponemos en marcha un dispositivo de visitas puerta por puerta. Si es de por aquí, alguien tendrá que reconocerla. ¿Cuántos hombres podrías destinar?
—Tres como mucho —contestó Ahlberg—. Ahora mismo nos falta gente. Tres de los chicos tienen vacaciones y uno está en el hospital con la pierna rota. Aparte del fiscal, Larsson y yo mismo, sólo hay ocho hombres en comisaría.
Contaba con los dedos.
—Bueno, de los cuales una es mujer. Y alguien debe de ocuparse del resto de las tareas.
—De acuerdo, en el peor de los casos, podemos ponernos nosotros mismos. Llevará tiempo. ¿Y cómo estáis de delincuentes sexuales?
Ahlberg golpeaba pensativo el bolígrafo contra los dientes. De repente rebuscó en el cajón del escritorio y sacó un papel.
—Hemos tomado declaración a uno. Un tipo de Vastra Ny. Violador. Lo arrestaron en Linköping anteayer, pero tenía coartada para toda la semana, según este informe de Blomgren. Él se ha encargado de buscar en las cárceles.
Metió el papel en una carpeta verde que descansaba sobre la mesa.