Back Roseanna
Chapters (33)
  1. Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
  2. INTRODUCCIÓN
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Capítulo 5
  8. Capítulo 6
  9. Capítulo 7
  10. Capítulo 8
  11. Capítulo 9
  12. Capítulo 10
  13. Capítulo 11
  14. Capítulo 12
  15. Capítulo 13
  16. Capítulo 14
  17. Capítulo 15
  18. Capítulo 16
  19. Capítulo 17
  20. Capítulo 18
  21. Capítulo 19
  22. Capítulo 20
  23. Capítulo 21
  24. Capítulo 22
  25. Capítulo 23
  26. Capítulo 24
  27. Capítulo 25
  28. Capítulo 26
  29. Capítulo 27
  30. Capítulo 28
  31. Capítulo 29
  32. Capítulo 30
  33. RESEÑA BIBLIOGRÁFICA

Recogió el jersey de lana que llevaba tejiendo tres semanas. Se acercó al espejo y se lo puso por encima. Dentro de poco lo acabaría. Volvió a mirar el reloj. Ahlberg ya llevaba unos diez segundos de retraso. Hoy no batiría ningún record. Sonrió, porque sabía que le molestaría. Se enfrentó a su tranquila sonrisa ante el espejo y observó una hilera de pequeñas gotitas de sudor que brillaban a lo largo del nacimiento del pelo. Sonja Hansson atravesó el vestíbulo y entró en el baño. Separó los pies sobre los gélidos azulejos y se puso a lavarse la cara y las manos con agua fría, inclinada hacia delante.

Al cerrar el grifo, oyó cómo Ahlberg intentaba abrir el cerrojo con la llave. Ya llevaba un minuto de retraso.

Con la toalla todavía en la mano dio un paso hacia el vestíbulo, estiró la mano, desenganchó la cadena de segu ridad y abrió la puerta.

—Gracias a Dios, es un alivio que hayas venido —dijo.

No era Ahlberg.

Todavía con una sonrisa en los labios retrocedió lentamente hacia el interior del piso. El hombre que se llamaba Folke Bengtsson no le quitó la vista de encima mientras cerraba tras de sí y echaba la cadena a la puerta.

Capítulo 29

Martin Beck era el último, estaba a punto de abandonar el despacho cuando el teléfono sonó de nuevo. Volvió corriendo y cogió el auricular.

—Me encuentro en el vestíbulo del hotel Ambassadör —informó Stenström—. Le he perdido entre el barullo de gente. Hará unos cuatro o cinco minutos como mucho.

—Ya se ha ido para Runebergsgatan. Vete para allá lo más rápido que puedas.

Tiró el auricular y alcanzó a los demás, que iban bajando las escaleras. Se subió a la parte de atrás del coche salvando con dificultad el respal do del asiento delantero de Ahlberg. Siempre ocupaban los mismos asientos; era importante que Ahlberg saliera el primero.

Kollberg metió la marcha, pero tuvo que soltar el embrague al momento para esquivar una furgoneta de la policía que estaba entrando. Por fin pudo seguir y entró girando en Regeringsgatan entre un Volvo verde y un Skoda beige. Martin Beck, con los brazos apoyados en las rodillas, se quedó mirando al frente fijamente, a la lluvia fría y cortante que caía fuera. Sentía una gran tensión física y mental, pero iba centrado y bien preparado. Como un deportista entrenado para batir un récord.

Dos segundos más tarde, el Volvo verde chocó contra una furgoneta que salía en dirección prohibida, por el cruce de David Bagaresgata. El Volvo dio un giro cerrado a la derecha justo un instante antes de la colisión, y Kollberg, que ya había iniciado el adelantamiento, tuvo que realizar la misma maniobra.