Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
—Por lo tanto, nos quedan unas cincuenta personas —se lamentó Ahlberg—. Si partimos de la teoría de que el asesino se encuentra entre los pasajeros.
—Podemos descartar ya a algunos. De eso se ocupan Kollberg y Melander. Disponen de un material ingente. Utilizan el método de eliminación, según Melander, al principio todos son sospechosos, incluyendo niños y viejas profesoras de manualidades.
Martin Beck se calló y miró a Ahlberg, sentado con la cabeza baja estudiándose las uñas de los pulgares. Parecía igual de abatido que Martin Beck cuando se dio cuenta de que el interrogatorio con Eriksson no daba resultado.
—¿Estás decepcionado? —preguntó.
—Sí, tengo que reconocer que sí. Por un momento creí que lo habíamos conseguido y ahora resulta que volvemos al principio.
—Bueno, hemos avanzado un poco. Gracias a Kafka.
Sonó el teléfono y Ahlberg se lanzó sobre él. Permaneció en silencio un buen rato con el auricular pegado al oído. De repente gritó:
— Ja, ja, ich bin hier.Ahlberg bier.
—Amsterdam —le dijo a Martin Beck, y éste abandonó discretamente el despacho.
Mientras se lavaba las manos, pensó «an, auf, hinter, in, neben, über, unter, vor, zwischen»y recordó el olor dulce de una habitación hace mucho tiempo, una mesa redonda con un mantel verde y una vieja profesora con una gramática alemana desgastada entre sus gruesas manos. Cuando volvió, Ahlberg acababa de colgar.
—Maldita lengua —dijo—. Sjöberg no estaba en el barco. Se enroló en Gotemburgo, pero nunca subió a bordo. De momento es problema de Gotemburgo.
Martin Beck se quedó dormido en el tren y se despertó cuando se detuvo en la estación central de Estocolmo, pero no se espabiló del todo hasta que se acostó en su propia cama de Bagarmossen.
Capítulo 16
A las cinco y diez Melander hizo un redoble de tambor en la puerta y esperó cinco segundos antes de asomar su alargado y sombrío rostro:
—Pensaba irme ya —dijo—. ¿Te parece bien?
No había ninguna razón formal para que lo hiciera, pero aun así este proceder se repetía cada día. En cambio, nunca anunciaba su llegada por la mañana.
—Claro —contestó Martin Beck—. Hasta luego.
Después de un rato añadió:
—Gracias por el día de hoy.
Martin Beck se quedó sentado en la silla escuchando cómo agonizaba otra jornada laboral. Primero dejaron de sonar los teléfonos, luego las máquinas de escribir, después las voces y, al final, el ruido de pasos en los pasillos.
A las cinco y media llamó a casa.
—¿Te esperamos para cenar?
—No, cenad vosotros.
—¿Vas a llegar tarde?
—No lo sé. Es posible.
—Hace años que no ves a los niños.
Por supuesto que los había visto y oído hacía menos de nueve horas, y eso lo sabía ella tan bien como él.
—Martin…
—¿Sí?