Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
—Bueno, ¿qué más ha dicho tu sheriff? ¿O sólo hablaba de ti y de lo bueno que eres?
—El que más elogios se llevó fuiste tú por tu descripción. Excelente —dijo.
—¿Estaba seguro de la identidad?
—Sí, definitivamente, lo había comprobado con su amiga y con una especie de ex novio.
—¿Y qué más?
—Salió de viaje a principios de mayo. Para pasar dos meses en Europa. La primera vez que iba al extranjero. Viajaba sola. Mandó una postal a su amiga desde Noruega y le contó que se quedaría allí una semana para luego ir hasta Copenhague. Me ha dicho que ya me ha enviado fotografías y otras cosas de ella.
—¿Es todo?
Martin Beck se acercó a la ventana y miró al exterior. Se mordió la uña del pulgar.
—En la postal decía que iba a hacer un viaje en barco. Una especie de crucero por los lagos recorriendo Suecia.
Se dio la vuelta y observó fijamente a su colega. Kollberg ya no sonreía y aquel destello de picardía en sus ojos se había apagado. Después de un rato dijo muy despacio:
—Llegó en el barco del Canal. Nuestro amigo de Motala lleva razón.
—Eso parece —reconoció Martin Beck.
Capítulo 9
Martin Beck respiró profundamente cuando salió a la plaza desde la boca de metro de Slussen. Como siempre, el viaje en un vagón abarrotado le había mareado.
El aire estaba limpio y alto, y la brisa fresca del mar inundaba la ciudad. Cruzó la calle y compró un paquete de tabaco en el estanco bajo el elevador Katarinahissen. Se detuvo en la cuesta hacia Skeppsbron, encendió un cigarro y apoyó los codos en la barandilla. Un crucero de bandera inglesa se encontraba anclado en el muelle de Stadsgårdskajen. No podía leer su nombre a tanta distancia, pero le pareció que se trataba de Devonia.Una bandada de gaviotas se peleaba graznando por unos desperdicios que flotaban en el agua. Se quedó un rato observando el barco, luego continuó hacia el muelle.
Dos hombres con aspecto lúgubre estaban sentados sobre unos troncos. Uno de ell os intentaba meter restos de cigarrillo en una boquilla de madera, pero como le temblaban tanto las manos, no podía; su compañero, a quien le temblaban menos, le ayudaba. Martin Beck miró el reloj. Las nueve menos cinco. Seguro que no tenían ni un duro, pensó, si no a estas horas estarían pegados a la puerta de la tienda de licores esperando a que abrieran.
Pasó de largo el Bore II,amarrado en el muelle de carga, y siguió por la acera de enfrente del Hotel Reisen. Le llevó unos minutos romper la infinita caravana de coches y conseguir cruzar la calzada.