Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
Martin Beck y Ahlberg examinaron el pequeño camarote. No esperaban encontrar ninguna huella de Roseanna, eran conscientes de que el camarote habría sido limpiado un sinfín de veces desde que ella lo ocupara. Ahlberg se tumbó con cuidado sobre la litera y comprobó que difícilmente podía considerarse un lugar de descanso lo suficientemente espacioso para un adulto.
Dejaron la puerta abierta al salir y se sentaron junto al hombre encima del arcón de los salvavidas.
Cuando llevaban un buen rato observando el camarote en silencio, un gran coche negro llegó hasta el muelle. Eran los hombres del Instituto Nacional de Investigaciones Criminológicas. Subieron entre los dos una gran bolsa negra y no tardaron en ponerse a trabajar.
Ahlberg dio un empujón a Martin Beck en el costado señalando con la cabeza en dirección a la escalera. Subieron a la cubierta superior. Allí se guardaban dos botes salvavidas a cada lado de la chimenea, un par de cajas para tumbonas de cubierta y mantas, pero por lo demás, la cubierta estaba vacía. En el puente de mando había dos cabinas de pasajeros, un trastero y el camarote del capitán detrás de la sala de mando.
Martin Beck se detuvo al pie de la escalera y saco el plano de los camarotes cabinas que le habían proporcionado en la compañía naviera. Con aquel plano como guía repasaron de nuevo el barco. Cuando volvieron a popa, en la cubierta mediana, el hombre menudo seguía sentado sobre el arcón, contemplando con cara de tristeza a los dos policías que, de rodillas en el camarote, sacaban los clavos de la moqueta.
Eran ya las dos cuando el gran coche negro de la policía tomó por la carretera hacia Gotemburgo, una cascada de lodo chorreaba por las ruedas. Los investigadores forenses se habían llevado todas las piezas sueltas del camarote, lo cual no era gran cosa. No creían que fueran a demorarse mucho los resultados de los análisis.
Martin Beck y Ahlberg dieron las gracias al hombre de la compañía naviera y él les estrechó la mano con un entusiasmo exagerado, aparentemente agradecido por poder salir por fin de allí.
Cuando su coche desapareció tras la primera curva, Ahlberg dijo:
—Estoy cansado y tengo hambre. Vamos a Gotemburgo y pasamos la noche allí, ¿no?
Media hora más tarde, aparcaron delante de un hotel en Postgatan. Reservaron cada uno una habitación, descansaron una hora y luego salieron a cenar.
Mientras cenaban, Martin Beck hablaba de barcos y Ahlberg de un viaje que había hecho a las Islas Faeroe.
Ninguno mencionó a Roseanna McGraw.