Back Roseanna
Chapters (33)
  1. Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
  2. INTRODUCCIÓN
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Capítulo 5
  8. Capítulo 6
  9. Capítulo 7
  10. Capítulo 8
  11. Capítulo 9
  12. Capítulo 10
  13. Capítulo 11
  14. Capítulo 12
  15. Capítulo 13
  16. Capítulo 14
  17. Capítulo 15
  18. Capítulo 16
  19. Capítulo 17
  20. Capítulo 18
  21. Capítulo 19
  22. Capítulo 20
  23. Capítulo 21
  24. Capítulo 22
  25. Capítulo 23
  26. Capítulo 24
  27. Capítulo 25
  28. Capítulo 26
  29. Capítulo 27
  30. Capítulo 28
  31. Capítulo 29
  32. Capítulo 30
  33. RESEÑA BIBLIOGRÁFICA

—«En agosto nació el chacal, en septiembre caen las lluvias. ¡No puedo recordar, dice, / tremenda lluvia como ésta!»

—¿Eso qué es?

—Una cita —dijo Kollberg—. De un tal Kipling.

Capítulo 30

Martin Beck observó al hombre, desplomado en una silla delante de él con un brazo en cabestrillo. Mantenía la cabeza baja, no levantaba la mirada.

Llevaba esperando este momento seis meses y medio. Se inclinó y encendió la grabadora.

—Usted se llama Folke Bengtsson, nació en la parroquia de Gustav Vasa, el seis de agosto de 1926 y vive en Rörstrandsgatan, en Estocolmo. ¿Es correcto?

El hombre asintió con un movimiento de cabeza casi imperceptible.

—Tiene que contestar en voz alta —le pidió Martin Beck.

—Sí —dijo el hombre que se llamaba Folke Bengtsson—. Sí, es correcto.

—¿Se confiesa culpable de la violación y el asesinato de la ciudadana Roseanna McGraw la noche del cuatro al cinco de julio del año pasado?

—Yo no he matado a nadie —respondió Folke Bengtsson.

—Más alto.

—No, no lo confieso.

—Usted ha reconocido anteriormente que conoció a Roseanna McGraw el cuatro de julio el año pasado a bordo del barco de pasajeros Diana.¿Es así?

—No lo sé. No sabía su nombre.

—Tenemos pruebas de que estuvo con ella el cuatro de julio. La estranguló por la noche en su camarote y la arrojó por la borda.

—¡No, no es verdad!

—¿La asesinó de la misma manera que intentó acabar con la vida de la mujer de Runebergsgatan?

—No la quería matar.

—¿A quién?

—A aquella chica. Me vino a ver varias veces. Me pidió que fuera a su casa. No lo decía en serio. Sólo quería humillarme.

—¿Roseanna McGraw también quiso humillarlo? ¿Por eso la mató?

—No sé.

—¿Entró en su camarote?

—No lo recuerdo. Quizás estuve allí. No lo sé.

Martin Beck se quedó en silencio observando al hombre. Al final preguntó:

—¿Está muy cansado?

—No, no mucho.

—¿Le duele el brazo?

—Ya no. Me han puesto una inyección en el hospital.

—Cuando anoche vio a aquella mujer, ¿no le recordó a la del verano pasado, la mujer del barco?

—Esas dos no eran mujeres.

—¿Qué quiere decir? Claro que lo eran.

—No… más bien animales.

—No entiendo lo que quiere decir.

—Son como animales, abandonadas a merced de…

—¿Abandonadas a merced de qué? ¿De usted?

—Por Dios, no se burle de mí. Abandonadas a merced del deseo. De su inmundicia.

Treinta segundos de silencio.

—¿Realmente eso es lo que cree?

—Así deben pensar todas las personas de verdad, menos las viciosas y degeneradas.

—¿No le gustaron esas mujeres? Roseanna McGraw y la chica de Runebergsgatan, no me acuerdo cómo se llama…

—Sonja Hansson —escupió su nombre.

—Eso es. ¿No le gustó?

—La odio. Odié a la otra también. No me acuerdo muy bien. ¿No ve cómo se comportan? ¿No se da cuenta de lo que significa ser hombre?