Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
Estaba muerta de miedo por alguien o algo y tenía que descubrir por qué.
Capítulo 21
La recepción del hospital de V äxjö reaccionó con gran rapidez.
—Larsson, Karin Elisabeth, sí, es correcto, una persona con ese nombre estuvo ingresada en la planta de ginecología desde el nueve del agosto hasta el primero de octubre del año pasado.
—¿Por qué?
—Eso tiene que preguntárselo al médico jefe.
El médico jefe de la planta de ginecología dijo:
—Sí, es posible que me acuerde. Le llamaré en cuanto haya echado un vistazo a su historial.
Mientras Martin Beck esperaba, observó las fotos y leyó la descripción que había redactado después de las conversaciones con Gota Isaksson. Resultaba aún insuficiente, pero era bastante mejor que la de hacía unas horas.
Altura: aproximadamente 186 centímetros. Constitución física: normal. Color de pelo: rubio ceniza. Ojos: probablemente azules (verdes o grises), redondos, algo saltones. Dientes: blancos, sanos.
La llamada se produjo una hora después. El médico había encontrado el historial de la paciente.
—Sí, era lo que pensaba. Llegó por su propio pie la noche del nueve de agosto. Recuerdo que estaba a punto de irme a casa cuando me pidieron que la reconociera. La habían llevado a observación y sangraba mucho por los genitales. Aparentemente llevaba ya un tiempo así, porque había perdido bastante sangre y no se encontraba en muy buen estado. Pero no tenía afectado ningún órgano vital. Al preguntarle qué le había ocurrido, se negó a contestar. No es la primera vez que las pacientes de esta planta se niegan a explicar qué les ha causado las hemorragias. Naturalmente, la razón puede deducirla usted mismo, aunque la verdad es que, en la mayoría de los casos, se lo sacamos tarde o temprano. Pero ella no dijo nada al principio y luego mintió. ¿Quiere, comisario, que lea directamente del historial? Si no, puedo darle una versión más sencilla.
—Sí, por favor —le rogó Martin Beck—. El latín no es mi fuerte.
—Ni el mío, dicho sea de paso —contestó el médico.
Procedía del sur de Suecia, de la provincia de Escania y hablaba con calma, ordenada y metódicamente.