Back Roseanna
Chapters (33)
  1. Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
  2. INTRODUCCIÓN
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Capítulo 5
  8. Capítulo 6
  9. Capítulo 7
  10. Capítulo 8
  11. Capítulo 9
  12. Capítulo 10
  13. Capítulo 11
  14. Capítulo 12
  15. Capítulo 13
  16. Capítulo 14
  17. Capítulo 15
  18. Capítulo 16
  19. Capítulo 17
  20. Capítulo 18
  21. Capítulo 19
  22. Capítulo 20
  23. Capítulo 21
  24. Capítulo 22
  25. Capítulo 23
  26. Capítulo 24
  27. Capítulo 25
  28. Capítulo 26
  29. Capítulo 27
  30. Capítulo 28
  31. Capítulo 29
  32. Capítulo 30
  33. RESEÑA BIBLIOGRÁFICA

Llamó a Ahlberg al día siguiente y otras cuatro o cinco veces durante aquella semana, pero ninguno de los dos tenía gran cosa que decir. La procedencia de la chica seguía siendo un misterio. Los periódicos dejaron de informar sobre el caso y Hammar no volvió a preguntar. No llegaba ninguna denuncia de desaparición que encajara con la víctima. A veces daba la sensación de que no existía. Todos parecían haberla olvidado, menos Martin Beck y Ahlberg.

A primeros de agosto, Martin Beck cogió una semana de vacaciones y se fue al archipiélago con la familia. Al volver siguió ocupándose de los asuntos rutinarios que se le amontonaban. Se sentía deprimido y dormía mal.

Una noche a finales de ag osto yacía en la cama con la mirada perdida en la oscuridad.

Ahlberg le había llamado tarde. Estaba en el Stadshotellet y le pareció algo bebido. Hablaron durante un rato del asesinato y antes de colgar, Ahlberg dijo:

—Sea quien sea y esté donde esté, lo cogeremos.

Marti n Beck se levantó y salió descalzo y sigiloso al salón. Encendió la lámpara del escritorio y contempló la maqueta del Danmark.Todavía le quedaban los aparejos.

Se sentó en el escritori o y saco una carpeta de la cajonera. Dentro guardaba la descripción de la chica que había escrito Kollberg y las copias de las fotos que el fotógrafo de Motala había tomado hacía menos de dos meses. Aunque se la sabía casi de memoria, la repasó lenta y minuciosamente. Luego extendió las fotos delante y las estudió durante mucho tiempo.

Cerró la carpeta y apagó la luz: «Fuera quien fuera ella y viniera de donde viniera, lo averiguaré.»

Capítulo 7

—La Interpol, me cago en diez —se quejó Kollberg.

Martin Beck no dijo nada. Kollberg lo miró por encima del hombro.

—¿Encima esos cabrones escriben en francés?

—Sí. Es de la policía de Toulouse. Tenían una denuncia por desaparición.

—La policía francesa —insistió Kollberg—. Tramité una denuncia por desaparición con ellos hace un par de años a través de Interpol. Una niña bien de Djursholm. Ni una palabra en tres meses y de repente llega una carta larguísima de la Gendarmería de París. No me entero de nada, así que mando traducirla y al día siguiente leo en el periódico que un turista sueco encontró a la chica. Bueno, «encontró», la vio en ese café tan famoso donde les gusta pasar el día a todas las putas suecas baratas…

—Le Dôme.