Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
—Te noto raro. ¿Te pasa algo?
—No, nada. Hay mucho trabajo.
—¿Eso es todo?
—Sí, claro.
Ella volvió a su estado normal. El momento pasó. Algunas frases desgastadas y la conversación acabó. Todavía distraído, se quedó con el auricular del teléfono pegado al oído hasta que la escuchó colgar. Un clic y un silencio vacío. Era como si ella se encontrara a miles de kilómetros. Hacía años que no hablaban.
Frunció el ceño, suspiró y recorrió con la mirada los papeles de su mesa. Cada u no de ellos decía algo sobre Roseanna McGraw y sobre los últimos días de su vida. De eso no le cabía la menor duda. Aun así no revelaban nada.
Repasarlo todo una vez más parecía no tener sentido, pero probablemente lo haría de todas formas, aquí y ahora. Empezaría enseguida. Estiró la mano para coger un cigarrillo, pero la cajetilla estaba vacía.
La tiró a la papelera y buscó otra en la americana. Durante las últimas semanas había fumado el doble de lo habitual, y lo había notado tanto en la garganta como en la cartera. Al parecer, ya había consumido todas sus reservas, porque lo único que encontró en el bolsillo interior fue algo que no reconoció a la primera.
El extraño objeto era una postal, comprada en un estanco de Motala. Representaba una vista aérea de la sucesión de esclusas de Borenshult. Al fondo se veía el lago y el rompeolas, y en primer plano dos hombres que estaban a punto de abrir las compuertas de la esclusa para dejar pasar un barco de pasajeros que subía. Aparentemente se trataba de una fotografía antigua, porque ese barco ya no existía. Se llamaba Astreay hacía ya mucho tiempo que había sucumbido a las sierras y los sopletes en algún desguace del astillero.
Pero en aquella ocasión, cuando el fotógrafo de postales de la empresa Almquist y Cöster llegó a Motala, era verano y de repente se acordó del fresco y ácido aroma a flores y húmedo verdor.
Martin Beck abrió un cajón y sacó la lupa. Tenía forma de cucharón y llevaba una pila en el mango. Al pulsar un botón, el objeto de estudio se iluminaba con una bombilla de 2,5 vatios. La foto era de buena calidad y se podía distinguir claramente al capitán en el ala de babor del puente de mando, y a algunos pasajeros apoyados en la barandilla de cubierta. La cubierta de proa estaba repleta de mercancías amontonadas, otra prueba más de que se trataba de una imagen poco reciente.
Acababa de desplazar el campo de visión unos centímetros a la derecha cuando Kollberg dio un puñetazo a la puerta y entró como el estampido de un trueno en Nochebuena.