Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
Eriksson se enderezó en la silla y puso la espalda recta como un palo. Se agarró a los reposabrazos y le tembló la comisura izquierda de los labios.
—¿Por eso…? Creen que yo…
Juntó las palmas de las manos y se las metió entre las piernas, presionándoselas con las rodillas, luego se inclinó hacia delante hasta dar casi con la barbilla en la mesa. Martin Beck notó cómo le palidecía la piel del tabique nasal.
—¡Yo no he matado a nadie! ¡No he visto a esa tía en mi vida! ¡Lo juro!
Martin Beck guardó silencio. Mantuvo la mirada clavada en el rostro de aquel hombre y vio crecer el terror en sus pesados ojos, abiertos como platos.
Al hablar, su voz sonaba seca y desprovista de entonación.
—¿Dónde se encontraba y qué hizo la tarde del cuatro de julio y la noche del cuatro al cinco de julio?
—En el camarote. ¡Lo juro! ¡Dormía en el camarote! ¡No he hecho nada! ¡Nunca he visto a esa tía! ¡Es la verdad!
Puso voz de falsete y se golpeó contra el respaldo de la silla. Se llevó bruscamente la mano derecha a la boca y empezó a morderse el nudillo del pulgar sin desviar la vista de la foto que tenía delante. De repente su mirada se estrechó y su voz se hizo tensa e histérica.
—Intentan engañarme. ¿Creen que no me doy cuenta, eh? Eso de la tía es sólo un invento. Han hablado con Roffe y el cabrón ha dicho que fui yo. Ha cantado el hijo de puta. Fue él. Yo no hice nada. Es la verdad. Yo no hice nada. Roffe le dijo que fui yo, ¿no? ¿Es eso lo que ha dicho?
Martin Beck no desvió la mirada de su cara.
—¡El muy hijo de puta! Fue él quien se encargó de la cerradura y se llevó el dinero.
Se inclinó hacia delante y su voz subió de tono. Las palabras le salían a chorros por la boca.
—Me obligó. Él había trabajado en ese dichoso sitio. Él lo montó todo. Yo no quería. Se lo dije. Lo rechacé. No quiero participar en ningún jodido robo, le comenté. Pero él me obligó, ese maldito cabrón de mierda. Cantó, el hijo de puta…
—Vale —dijo Martin Beck—. Roffe ha cantado. Ahora quiero oír de ti toda la historia.
Una hora más tarde reprodujo la cinta para Larsson y Ahlberg. Se trataba de un informe completo sobre un robo que Karl-Åke Eriksson y Rolf Sjöberg cometieron en un taller de Gotemburgo un mes antes.
Cuando Larsson salió para llamar a la policía de Gotemburgo, Ahlberg comentó:
—Por lo menos sabemos dónde estará por un tiempo.
Permaneció en silencio un rato tamborileando los dedos sobre la mesa.