Back Roseanna
Chapters (33)
  1. Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
  2. INTRODUCCIÓN
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Capítulo 5
  8. Capítulo 6
  9. Capítulo 7
  10. Capítulo 8
  11. Capítulo 9
  12. Capítulo 10
  13. Capítulo 11
  14. Capítulo 12
  15. Capítulo 13
  16. Capítulo 14
  17. Capítulo 15
  18. Capítulo 16
  19. Capítulo 17
  20. Capítulo 18
  21. Capítulo 19
  22. Capítulo 20
  23. Capítulo 21
  24. Capítulo 22
  25. Capítulo 23
  26. Capítulo 24
  27. Capítulo 25
  28. Capítulo 26
  29. Capítulo 27
  30. Capítulo 28
  31. Capítulo 29
  32. Capítulo 30
  33. RESEÑA BIBLIOGRÁFICA

En la oficina de la compañía naviera del canal no disponían de la lista de pasajeros del Dianadel día tres de julio, la tenían en Gotemburgo, pero se la enviarían lo antes posible. Sin embargo, la lista de la tripulación y la relación de empleados podían proporcionárselas enseguida. Al salir cogió un par de folletos, que fue leyendo camino de Kristineberg.

Melander ya estaba sentado en el sillón de visitas.

—¿Qué tal? —saludó Martin Beck.

—Buenos días —contestó Melander.

—Esa pipa apesta, pero no te preocupes, tú quédate aquí contaminando el ambiente. Yo invito. ¿O querías algo?

—Fumar en pipa retrasa el cáncer. Por cierto, tengo entendido que los Florida son los cigarrillos más peligrosos que existen. Al menos eso es lo que dicen por ahí. Por lo demás, estoy a tus órdenes.

—Comprueba la American Express, correos, cheques, teléfonos, contactos, bueno, ya me entiendes, ¿no?

—Sí, creo que sí. ¿Cómo se llamaba la señorita?

Martin Beck apunto el nombre en un papel, roseanna mcgraw, y lo arrastró sobre la mesa hacia Melander.

—Fíjate, qué curioso que se apellide Grav 2 , ¿no? ¿Cómo se pronuncia? ¿Gro?

Cuando salió, Martin Beck abrió la ventana. Entro un aire frío, el viento tiraba de las copas de los árboles y revolvía las hojas del suelo. Al cabo de un rato cerró la puerta, colgó la americana en el respaldo de la silla y se sentó.

Cogió el teléfono y marcó el número de la sección de Extranjería. Si ella se había registrado en algún hotel, tenía que estar fichada. La verdad es que debía figurar allí de todas maneras. Esperó bastante tiempo hasta que alguien contestó a su llamada y luego otros diez minutos hasta que la chica volviera. Trajo la ficha. Roseanna McGraw se alojó en el Hotel Gillet del treinta de junio al dos de julio.

—Envíenos una fotocopia —pidió Martin Beck.

Pulsó unos botones del teléfono y quedó a la espera con el auricular en la mano hasta que oyó el c lic que indicaba que la comunicación se había cortado. Luego pidió un taxi y se puso la americana. Se guardó en el bolsillo la foto retocada de Roseanna McGraw y abandonó el despacho. Diez minutos más tarde se bajó del taxi en la plaza de Brunkeberg, pagó y atravesó las puertas de cristal del hotel.

Delante del mostrador del recepcionista había un grupo de seis hombres. Llevaban una placa con su nombre en la solapa y hablaban todos a la vez. El recepcionista no parecía muy contento y hacía continuos gestos de lamento con los brazos. La discusión se alargaba y Martin Beck se sentó en uno de los sillones del vestíbulo.