Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
La llamada llegó más o menos a los tres cuartos de hora. Al principio sólo se oía un ruido confuso y muchas teleoperadoras hablando a la vez, luego llegó una voz sorprendentemente clara y nítida. Mantuvieron la conversación en inglés.
—Sí, Kafka al habla, ¿es usted señor Beck?
—Sí.
—¿Le llegó el telegrama?
—Sí, gracias.
—Está todo claro, ¿no?
—¿No hay duda de que es la mujer que buscamos?
—Hablas como un nativo —dijo Kollberg.
—No, señor, es Roseanna. La identifiqué en menos de una hora, gracias a su excelente descripción. Incluso lo he comprobado dos veces. Se la di a su amiga y a ese ex-novio suyo de Omaha. Ambos estaban seguros. De todas maneras le he enviado fotografías y algunas otras cosas suyas.
—¿Cuándo se marchó?
—A primeros de mayo. Su idea era pasar unos dos meses en Europa. Se trataba de su primer viaje al extranjero. Hasta donde yo sé, viajaba sola.
—¿Sabe algo de sus planes?
—No demasiado. De hecho, nadie aquí lo sabe. Sólo puedo darle una pista. Escribió una postal desde Noruega a su amiga, contándole que se iba a quedar una semana en Suecia y luego iría a Copenhague.
—¿Y no escribió nada más?
—Bueno, dijo algo de coger un barco sueco. Algún tipo de crucero por los lagos atravesando el país o algo así. Eso no está demasiado claro.
Martin Beck aguantó la respiración.
—¿Señor Beck? ¿Sigue ahí?
—Sí.
La conexión iba empeorando por momentos.
—Entiendo que fue asesinada —dijo Kafka a voces—, ¿tienen al tipo?
—Todavía no.
—No le oigo.
—Dentro de poco, espero, pero todavía no —repitió Beck.
—¿Le disparó? 1
—¿Que hice qué? No, no, no le he disparado…
—Sí, le oigo, disparó a ese bastardo —alzó la voz el hombre desde el otro lado del Atlántico—. Genial. Se lo comunicaré a los periódicos de aquí.
—No me está entendiendo —gritó Martin Beck.
Como un débil susurro entre el ruido, oyó las últimas palabras de Kafka:
—Sí, le entiendo perfectamente. No voy a olvidar su nombre. Hasta luego. Tendrá noticias mías. Bien hecho, Martin.
Martin Beck colgó. Se quedó de pie toda la conversación. Jadeaba y el sudor se había abierto camino en la frente.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Kollberg—. ¿Crees que tienen tubos acústicos hasta Nebraska?
—No se oía bien al final. Creyó que yo había matado al asesino. Me aseguró que lo iba a comunicar a los periódicos.
—Estupendo. Mañana serás allí el héroe del día. Pasado mañana te harán ciudadano de honor y en Navidad te mandarán la llave de la ciudad. Dorada. Martin el Pistolero,el vengador de Bagarmossen. Los compañeros se troncharán de risa.
Martin Beck se sonó la nariz y luego se secó el sudor de la frente.