Back Roseanna
Chapters (33)
  1. Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
  2. INTRODUCCIÓN
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Capítulo 5
  8. Capítulo 6
  9. Capítulo 7
  10. Capítulo 8
  11. Capítulo 9
  12. Capítulo 10
  13. Capítulo 11
  14. Capítulo 12
  15. Capítulo 13
  16. Capítulo 14
  17. Capítulo 15
  18. Capítulo 16
  19. Capítulo 17
  20. Capítulo 18
  21. Capítulo 19
  22. Capítulo 20
  23. Capítulo 21
  24. Capítulo 22
  25. Capítulo 23
  26. Capítulo 24
  27. Capítulo 25
  28. Capítulo 26
  29. Capítulo 27
  30. Capítulo 28
  31. Capítulo 29
  32. Capítulo 30
  33. RESEÑA BIBLIOGRÁFICA

Permanecieron un rato en silencio. A Martin Beck le hacía ruido el estómago y pensó en su esposa y en cómo le daba la lata con lo de las comidas regulares. Llevaba veinticuatro horas sin probar bocado.

El ambiente estaba cargado de humo. Ahlberg se levantó y abrió la ventana. Desde una radio cercana se oyeron las señales horarias.

—Es la una —dijo—. Si tienes hambre puedo pedir algo. Yo tengo un hambre de mil demonios…

Martín Beck asintió con la cabeza y Ahlberg descolgó el teléfono. Al cabo de un rato llamaron a la puerta y una chica con una bata azul y delantal rojo entro con una cesta.

Cuando Martin Beck se termino el bocadillo de jamón y el café, que se bebió sorbo a sorbo, dijo:

—¿Cómo crees que pudo acabar allí?

—No lo sé. Durante el día siempre hay gente en las esclusas, así que es poco probable que ocurriera entonces. Es posible que la arrojaran al agua desde el muelle o el rompeolas, y que la fuerza de atracción de los barcos la hubiera arrastrado fuera. O que la hubieran lanzado desde algún barco.

—¿Qué tipo de embarcaciones pasan por las esclusas? ¿Pequeños barcos y veleros de recreo?

—Algunos, pero tampoco tantos. En general, se trata de tráfico de mercancías. Barcos de carga. Y luego los barcos del canal, claro. El Diana, el Junoy el Wilhelm Tham.

—¿Podemos bajar hasta allí para verlo? —propuso Martin Beck.

Ahlberg se levantó, cogió la foto que Martin Beck había elegido y dijo:

—Venga, vámonos ahora mismo. De camino dejaré esta foto en el laboratorio.

Habían dado casi las tres cuando volvieron de Borenshult. El tráfico de las esclusas era intenso y a Martín Beck le habría gustado quedarse entre los veraneantes y los pescadores deportivos del muelle para ver los barcos.

Habló con la tripulación de la draga, salió al rompeolas y vio la presa de la esclusa. A lo lejos, en el lago Boren, divisó un velero navegando con la animada brisa y empezó a sentir nostalgia del suyo, que había vendido hacía unos años. En el camino de vuelta a la ciudad hizo memoria y recordó sus travesías veraniegas por el archipiélago.

Sobre la mesa de Ahlberg encontraron ocho copias recién salidas del laboratorio fotográfico. Uno de los agentes, que también era fotógrafo, había retocado la foto y el rostro de la chica casi parecía el de alguien vivo.

Ahlberg las reviso, guardó cuatro copias en la carpeta verde y dijo:

—Muy bien, las distribuiré entre los chicos para que se pongan en marcha enseguida.

Cuando volvió unos minutos más tarde, Martin Beck estaba junto al escritorio frotándose el entrecejo.

—Pensaba hacer unas llamadas —dijo.

—Puedes meterte en el despacho del final del pasillo.