Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
El mobiliario resultaba impersonal, aburrido y pulcro, pero la vista del archipiélago era fantástica. Se veía la bahía de Lilla Värtan y dos barcos remolque que se disponían a tirar de un buque de carga hacia el muelle. Martin Beck hubiera dado lo que fuera por cambiar su casa por ésta.
—¿Tiene hijos? —preguntó para desviar la atención.
—Sí, una niña de diez meses. Acabo de acostarla.
Sacó las fotografías.
—¿Conoce a este hombre?
Se sonrojó enseguida y se quedó con la mirada perdida, asintió vacilante.
—Sí, lo conocí. Pero hace varios años. ¿Qué ha hecho?
Martin Beck no contestó al momento.
—Sabe, esto me resulta muy desagradable. Mi marido…
Le costaba encontrar las palabras adecuadas.
—¿Nos sentamos? —preguntó Martin Beck—. Perdone por proponérselo.
—Sí. Claro.
Ella se acomodó en el borde del sofá, tensa y rígida.
—No tema nada ni se preocupe. Sucede lo siguiente: este hombre nos interesa como testigo por ciertos motivos. En todo caso, no tiene que ver con usted. Pero es importante para nosotros conseguir alguna información acerca de su carácter por parte de alguien que, de una manera u otra, haya tratado con él.
Eso no pareció tranquilizarla mucho.
—Es muy desagradable —insistió—. Mi marido, sabe usted, llevamos casi dos años casados y él no sabe nada de… Folke, no le he contado nada acerca de ese hombre… aunque, claro, como usted entenderá, tiene que imaginarse que he estado con otros hombres antes…
Se sentía cada vez más confusa y azorada.
—Nunca hablamos de eso —precisó.
—Puede estar absolutamente tranquila. Sólo le pido que me conteste a algunas preguntas. Ni su marido ni nadie se van a enterar de lo que usted me cuente. Por lo menos nadie que usted conozca.
Asintió con la cabeza, pero seguía desviando la mirada.
—¿Por lo tanto conoce usted a Folke Bengtsson?
—Sí.
—¿Cuándo y dónde lo conoció?
—Yo… Nos conocimos hace más de cuatro años, en una empresa donde éramos compañeros de trabajo.
—¿Transportes Eriksson?
—Sí, yo trabajaba en la caja.
—¿Y mantenía una relación con él?
Asintió mirando para otro lado.
—¿Cuánto tiempo?
—Un año —musitó en un tono apenas audible.
—¿Fueron felices juntos?
Le echó una mirada rápida e insegura y abrió las manos en un gesto de desamparo.
Martin Beck dirigió sus ojos hacia la ventana, por encima de su hombro, al cielo invernal, sombrío y gris.
—¿Cómo empezó todo?
—Bueno, nos… veíamos todos los días, nos hacíamos compañía para tomar café por la mañana y luego para comer. Y… sí, me acompañaba a casa algunas veces.
—¿Dónde vivía?
—En el barrio de Vasastan, cerca de Upplandsgatan.
—¿Sola?
—Oh, no, seguía viviendo con mis padres por entonces.
—¿Subió con usted alguna vez?
Dijo que no con la cabeza enérgicamente, todavía sin mirarlo.
—¿Y luego qué pasó?
—Me invitó al cine un par de veces. Y entonces… bueno, me llevó a cenar.
—¿A su casa?
—No, al principio no.
—¿Cuándo?
—En octubre.
—¿Cuánto tiempo llevaban saliendo entonces?
—Varios meses.
—¿Así que iniciaron una verdadera relación?