Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
Sirvió más café y le puso a Martin Beck unas pastas mientras hablaba, mucho y con ganas, sobre la rutina del trabajo, y sobre los compañeros y pasajeros que recordaba. Pasó una hora más antes de que pudiera salir de allí.
El tiempo había mejorado. Las calles estaban casi secas y el sol brillaba en un cielo despejado. Martin Beck se sentía mareado de tanto café y volvió a Kristineberg andando. Mientras caminaba a lo largo del paseo de Norr Mälarstrand, reflexionaba sobre lo que sabía de las dos camareras.
De Karin Larsson no había averiguado nada, pero aun así la visita a Växjö le había convencido de que conocía al hombre, aunque no se atreviera a admitirlo.
Por Göta Isaksson sabía:
Que Karin Larsson había conocido a alguien a bordo del Dianael verano de 1961. Posiblemente un pasajero de cubierta que quizá viajara en ese barco varias veces durante aquel verano.
Que dos veranos después, en 1963, conoció a un hombre, probablemente un pasajero de cubierta que cogía ese barco de vez en cuando. Según Göta Isaksson, podría ser el de la foto.
Que aquel verano se mostró deprimida y nerviosa, y que un mes antes de terminar la temporada, o sea a principios de agosto, dejó su trabajo y fue ingresada en el hospital.
Desconocía por qué. Tampoco sabía en qué hospital ni durante cuánto tiempo. La única opción parecía ser preguntárselo a ella misma.
Marcó el número de Växjö en cuanto llegó al despacho, pero no hubo respuesta. Sin duda dormía o tenía turno de mañana. Durante la tarde llamó varias veces, y volvió a hacerlo dos veces más por la noche. En su séptimo intento, a las dos del día siguiente, contestó una voz que imaginó era de la mujer corpulenta del albornoz.
—No, se ha ido de viaje.
—¿Cuándo?
—Anteayer por la noche. ¿De parte de quién?
—De un amigo. ¿Adónde se ha ido?
—No me lo dijo. Pero la escuché llamar para preguntar por los trenes a Gotemburgo.
—¿Oyó algo más?
—Me dio la impresión de que pensaba empezar a trabajar en un barco.
—¿Cuándo decidió irse?
—Debe de haber sido todo muy rápido. Se presentó un señor aquí anteayer por la mañana y luego parece que se le ocurrió lo del viaje. No era la misma.
—¿Sabe en qué barco?
—No, no lo oí.
—¿Estará fuera mucho tiempo?
—No me lo dijo. ¿Quiere que le deje algún recado si sé de ella?
—No, gracias.
Se había marchado precipitadamente. Estaba seguro de que se encontraba ya a bordo de un barco camino a algún sitio más allá de su alcance. Y ahora sabía con certeza lo que antes sólo había sido una suposición.