Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

No, convine. Nadie.

Ella, según averigüé por boca de otros en comisaría, acostumbraba a dejarlo en paz, pero llegaba una o dos veces a la semana hasta su puerta con un guiso recién preparado. Recibíamos llamadas casi con la misma frecuencia.

Siete años atrás, en respuesta a un aviso de posibles disparos, la policía encontró a los padres de Paul muertos a tiros en su cama, la hermana menor asfixiada en la suya, y a Paul, de diez años, profundamente dormido según todo parecía indicar. La hermana tenía su muñeca preferida entre los brazos.

Eso ocurrió una sofocante noche de verano, recordaba la gente, cuando las noticias locales estaban llenas a rebosar de entusiasmo sobre los planes de cara al primer centro comercial de cuatro plantas del pueblo y todos los chismorreos locales giraban en torno a Bobby Wattel, que nació en una cabaña azotada por las tormentas a las afueras y estaba a punto de ocupar su escaño en la legislatura estatal.

Paul, según se vio, no estaba simplemente dormido. La policía no podía despertarlo, ni los médicos del hospital local, ni tampoco los del hospital universitario en la capital. Diagnosticado de un coma de origen desconocido, lo ingresaron en un centro de atención médica a largo plazo donde, meses después, tras haber permanecido totalmente insensible durante ese tiempo, una noche lo encontraron vagando por los pasillos. Dijo que buscaba a su hermana. ¿La había visto alguien?

Lo único que recordaba de la noche de los asesinatos era haber recogido la muñeca de su hermana del suelo y habérsela dejado entre los brazos.

Paul pasó del centro de atención médica a otro de rehabilitación para delincuentes juveniles y luego a una serie de hogares de acogida. En algún momento, en una vista u otra, un juez de tribunal de familia llamado Jerry Butler se interesó en el chico, empezó a supervisar la atención que recibía y al final lo orientó de cara a que solicitase ante los tribunales quedar al margen del sistema y reclamar lo que quedara del patrimonio familiar, que no era mucho pero sí lo suficiente para costearse la adquisición de su casita. Trabajaba de conserje en la escuela secundaria, empezando el turno al final de la jornada, cuando ya no quedaba casi nadie. Los niños, si los había, lo dejaban en paz. Otros, incapaces de olvidar la sangre que encontraron en Paul, su cama y la muñeca de la hermana, no hacían lo propio. O bien creían que un crío de diez años había matado a tiros a sus padres y asfixiado a su hermana, o seguían el ejemplo de algo más primario.