Chapters (29)
Seis semanas después de llegar esa carta, Brag y yo íbamos a Grove con un preso al que debíamos entregar porque tenía una orden de detención pendiente, charlando sobre nada en particular hasta que comentó:
—KC me dijo que recibiste una llamada de Cal.
—Sí.
—Y que se pasó por tu casa.
—Es posible que fuera él.
—¿Solo una vez?
—Y muy poco rato. Quería saber cómo lo llevaba, cómo se las iba apañando el pueblo.
—Muy propio de Cal, desde luego. ¿Y eso? —Señala: una F-150 con dos años de antigüedad parada en el arcén; la conductora, una mujer de mediana edad, indicándonos por gestos que paremos—. ¿El tipo ese del FBI no te dijo nada más acerca de qué quería?
—El agente Tyrell Martin. No.
Nos detuvimos detrás del vehículo. La camioneta la había dejado tirada sin previo aviso, dice, ¿la bomba de carburante, quizá? Con el preso a bordo no podemos recogerla, pero avisamos por radio al pueblo y pedimos que el garaje envíe una grúa, luego esperamos con ella.
Una vez de nuevo en camino, Brag retoma la conversación donde la había dejado.
—¿Cal no te contó nada? ¿Cuando llamó?
—Solo que después de volver a casa andaba jodido e hizo cosas que lamentaba.
—TEPT. El estrés postraumático lo había dejado tocado.
—Puede ser. Desconfío de los acrónimos, las frases hechas, los eslóganes. Los usamos, nos permiten creer que entendemos las cosas. Pero nos impiden entenderlas, fijarnos con más atención.
Nuestro pasajero, que no ha abierto la boca desde que salimos del pueblo pero que a todas luces ha estado escuchando, se inclina hacia delante en el asiento trasero.
—No hace falta ser soldado para acabar tocado. Todos hemos pasado lo nuestro.
Brag se vuelve hacia él.
—Y que lo digas.
—Como con casi todo lo demás —digo—, la cuestión es dónde te lleva.
—En mi caso, está claro dónde me ha traído —dice nuestro pasajero.
Una vez cuando mi madre estaba en casa y yo tenía quizá siete u ocho años, antes de que cambiáramos de dormitorios y en torno a la época en que empecé a escribir cosas, les oía a través de la pared por la noche. Ella hablaba de dónde había estado antes de aparecer de nuevo, un lugar especial, decía una y otra vez, y cierta experiencia que había tenido allí, cómo había llegado a comprender... (no alcancé a entender el resto). Lo que recuerdo sobre todo es la última parte, después de que papá le dijera que no decía más que tonterías, y que la verdad era tal, y demás.
—No es tan sencillo, Shell.