Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

Estoy sentado en lo que hace las veces de mesa de la cocina aquí en la caravana, una plancha de formica atornillada a la pared por un lado con dos tristes patas en el otro. Las luces vuelven a parpadear.

Es curioso de narices escribir esto sabiendo que lo más probable es que no llegues a verlo nunca. Te contaría alguna noticia pero no la hay, seguimos igual que siempre, hundiéndonos lentamente en la tierra.

Por cierto, vuelvo a la casa de vez en cuando para ver si puedo hacer algo para apuntalarla. Podría recuperar un poco de madera, pero no consigo reunir energías ni encontrar motivos para hacerlo.

Estés donde estés, Bonita, espero que te vaya bien. Tu viejo te echa de menos. No sé si lo sabes, pero siempre creí que serías tú la que se las apañaría para salir de todo esto. ¿Tenía razón?

Así eran la mayoría de cartas, la misma extensión, las mismas pautas, las mismas palabras más o menos. Llegaban dando tumbos, agotadas después de haber ido de puerta en puerta, y exigían derechos de ocupación en la puerta de la nevera, la encimera, la mesa de la cocina o el cajón del escritorio. Con el paso del tiempo, se parecían cada vez más, como un testamento o unos documentos de divorcio estándar que se descargan de internet para cumplimentar los espacios en blanco, hasta que, al final, las nuevas cartas eran prácticamente copias de las antiguas.

Y luego llegó esta:

Sarah Jane:

Sé que Shell se ha mantenido en contacto, o lo ha intentado. No sé si lo ha conseguido o no. De ser así, quizá mencionó que hemos estado otra vez juntos. Pero sea como sea, me he ido y no volveré. Lleva años viviendo en una caravana a estas alturas. Aunque eso también lo sabes, claro. La casa es poco más que un montón de madera y ruinas y cartón yeso. Cuando se trasladó a la caravana, fue como si su mundo encogiera a la misma medida, como si el mundo tuviera el tamaño de esa caravana y lo poco que podía ver desde allí, y ha seguido encogiéndose, volviéndose más pequeño a cada día que pasa desde entonces. ¿Cómo puede respirar? No sale. Las persianas están siempre echadas. La tele pequeñita en la encimera de lo que pasa por cocina siempre está puesta. Para que le haga compañía, dice. La semana pasada se averió y no se veían más que interferencias. Me parece que no se dio cuenta hasta que le pregunté por ello. O sea que sigo aquí, en la otra punta de la ciudad, pero ya tengo un pie en otra parte, me inclino a favor del viento y el viento sopla con fuerza. Te quiero siempre.