Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

—Y no simplemente de paso.

Tomó un sorbo de café y asintió a modo de aprobación.

—¿Se está adaptando bien al puesto?

—Hago todo lo posible para que así sea.

—Debió pillarla por sorpresa.

—Como esta conversación.

—Por otra parte, tiene los antecedentes adecuados.

—¿Y cómo es que está al tanto de mis antecedentes?

—Rara vez salgo del despacho sin un informe completo. Nunca se sabe lo que puede haber en los márgenes, donde las líneas se acaban. Y tenemos toda una sala llena de gente pegada al ordenador a la espera del chispazo que hace que los dedos se pongan en funcionamiento.

Sonrió. Sonreí. Dos dignos representantes del orden social en amable compañía, hablando de cómo son las cosas.

No pude evitar preguntarme qué habrían encontrado esos dedos, de qué estaría él al tanto. Pero eludió entrar en detalles.

—Calvin Phillips —continuó—. Supongo que no se habrá puesto en contacto con usted, o le habrá llegado alguna noticia, ¿verdad?

—¿Es una pregunta oficial?

—Una pregunta curiosa. Saltaron alarmas cuando llegaron sus comunicados sobre él.

—Entonces, voy a intercambiar curiosidades con usted. ¿A qué viene tanto interés en un sheriff de pueblo?

—No puedo decir nada más.

—Si es ese nuestro nivel de colaboración, más vale que me devuelva el café.

—Muy tarde, me temo. —Dejó la taza vacía en el alféizar—. No es usted de las que tienen mucha admiración por la autoridad, ¿verdad?

—Ni por las chorradas.

—Y, sin embargo, aquí está. En un puesto de autoridad usted misma —se levantó—. Estaré por aquí. Si algo surge...

—Si surge, supongo que lo averiguará.

—Estaba pensando en algo de lo que no llega a enterarse la gente en general, en algo más personal.

Una hora después de que se marchara el agente Martin, me llamaron del instituto de secundaria, donde catorce alumnos estaban «alterando las clases» con sus protestas por las nuevas regulaciones en materia de indumentaria. La única alteración que atiné a ver consistía en que estaban ausentes de las aulas; se encontraban en silencio formando una línea en el pasillo delante del despacho del director provistos de carteles pulcramente escritos con ayuda de plantillas. Por lo general, y sin mayor dificultad, la protesta se habría atajado y se habría enviado a su casa a los manifestantes, pero uno de los alumnos era el mejor jugador de fútbol del instituto y el mejor músico de la banda, y otra era hija del médico de más renombre del pueblo, un cirujano que había tomado la decisión de abandonar la gran ciudad y una vida de actividad prominente por otra más tranquila en Farr.

El director Giblin no sabía muy bien qué esperaba que yo hiciera cuando se lo pregunté. Llevaba menos de seis meses en el puesto, después de la jubilación del anterior director.