Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

Era imposible que desaparecido sonara bien, pero figuraba en la lista por debajo de, pongamos por caso, morir tiroteado durante una parada de tráfico rutinaria.

—Salió de aquí a las seis, seis y media de la tarde, dice Bruno. No llegó a The Elite —donde cenaba el plato especial del día unos 300 días de cada 365.

—Ahora mismo voy.

Vestida y calzada en tiempo récord, había salido marcha atrás del sendero de acceso antes de darme cuenta de que se me había olvidado la Glock y llevaba botas de distintos pares, así que dejé el motor al ralentí y volví a entrar. El teléfono estaba sonando cuando cerré la puerta de nuevo, pero lo dejé llamar. Llevaba un móvil por si acaso, aunque la mitad de las veces olvidaba encenderlo. Eso decía, por lo menos. Así que todo el mundo me llamaba al fijo.

Hice el trayecto al pueblo en medio de una calma alentadora. Bobbie Ferguson, que apenas alcanzaba los pedales con los pies, me saludó con la mano desde el Schwinn vintage que había sido de su abuelo. El viejísimo árbol en la plaza del pueblo, dado por muerto casi todos los años antes de que asomara alguna subrepticia ramita verde, se estaba llenando de hojas. Farr había pasado de rural a urbano mucho después que el resto del país, llevando la historia a cuestas con sus casas de ladrillo y tablas de madera, las calles estrechas y la plaza del pueblo. Años antes, se había apropiado del ayuntamiento una Iglesia Luterana. El cenador de la plaza albergaba generaciones de gatos callejeros.

KC salió por detrás cuando yo entraba en el aparcamiento. Abrió la puerta del acompañante y se subió.

—El juez Polick dice que puedes considerar que te ha tomado juramento.

—Ya me tomó juramento.

—Como sheriff suplente.

—Llevo trabajando un año, KC.

—Da igual —señaló hacia delante—. A la izquierda en Cypress.

Las indicaciones de KC nos llevaron hacia el norte hasta una casa imponente que, al estilo de una plantación, estaba en la cima de una colina como si el viento del sudeste hubiera llevado esporas de la misma para engendrar el pueblo.

—¿Cal vivía aquí?

—Esto tengo entendido —dijo KC.

Ceci le había dado una llave y, cruzando un porche cubierto que antaño debía haber cobijado a ancianos sentados en mecedoras y columpios contándose historias mientras veían jugar a los jóvenes, entramos. El machihembrado de madera noble del suelo del porche se prolongaba hasta el vestíbulo.

—Ceci dice que doblemos a la izquierda en el vestíbulo.

Eso hicimos, hacia lo que sin duda había sido un comedor. El resto de la casa, no tardamos en averiguarlo, estaba cerrado.

—¿No habías estado nunca aquí? —preguntó KC.

Negué con la cabeza.

—No parece que haya estado mucha gente —comenté.