Chapters (29)
Por aquel entonces criábamos pollos, hasta seis mil al mismo tiempo en largos edificios cual barracones del ejército, siendo esta la última de una serie de estrategias para ganar dinero que incluía vender tierra de las colinas detrás de la casa, construir barbacoas de ladrillo en jardines traseros de gente y reparar cortacéspedes. Sacábamos preciosos pollitos piantes de cajas de cartón ondulado y luego, meses después, nos abríamos paso entre pollos aterrados, los agarrábamos por las patas y los metíamos apelotonados en jaulas que se apilaban en camiones y se transportaban a otro sitio. Había que ir rápido o se aglomeraban en los rincones de los corrales y se asfixiaban.
No es que mis padres pasaran necesidad. Se partían el espinazo trabajando en empleos normales y luego volvían a casa para hacer esto. Cargar y descargar sacos de pienso de veinticinco kilos, rastrillar el serrín cubierto de heces a diario, recogerlo y cambiarlo según lo previsto, cerciorarse de que hubiera agua y que las estufas de gas en las incubadoras funcionaran bien, las llamas limpias, el suministro de gas lento y regular, sin fugas. Pero no había mucho dinero que ganar en el pueblo, y el dinero que había, en su mayor parte provenía y regresaba después de crecer, como los polluelos, a los Howe o los Sanderson.
Me crie en un pueblo llamado Selmer, allí donde Tennessee y Alabama confluyen y se convierten en algo así como un lugar aparte, en una casa que estuvo los primeros dieciséis años de mi vida a punto de precipitarse colina abajo, cosa que hizo justo después de marcharme yo. Papá se trasladó a una caravana y salía tan poco que ni te dabas cuenta. No quiero decir gran cosa sobre mi matrimonio con Bullhead años después y todo eso. Más cicatrices.
Pero no hice todas esas cosas que dicen que hice. Bueno, al menos no todas.
A mamá no la veía mucho después de cumplir los diez años. Nadie hablaba del asunto. Estaba ausente, semanas, meses, y luego una mañana salía del dormitorio grande y andaba por allí un tiempo, deambulando de aquí para allá por la casa como un mueble suelto al que no acabáramos de encontrarle un sitio.