Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

Me aparté de su camino. El sargento Barnes era tan comedido en su apariencia como en su manera de hablar, con rasgos corrientes y toscos y una sonrisa ensayada, en plan vendedor veterano de una tienda de electrodomésticos. Su compañero tenía un aspecto más atlético, ancho de hombros, las piernas separadas, el centro de gravedad bajo. Este no se identificó, sino que me tendió su vaso de Starbucks al tiempo que me decía que no lo había probado todavía y que le daba la impresión de que a mí me hacía más falta que a él.

Del apartamento de al lado llegó un vocerío, la típica bronca entre Susie y Bud. No llegaban casi nunca a las manos.

El donante de café miró hacia allí.

«Deja de tocarme los cojones, Suze».

—Lo siento —dije—. Paredes delgadas. Aquí una no se siente nunca muy sola.

«Ya estás otra vez sacando la lengua a pasear. Tendrías que conservarla en un tarro».

—¿Pasa a menudo? —indagó el agente Café.

«¡Igual que tu coño! ¡Así se quedaría en casa!».

—¿Usted qué cree?

—¿Alguna vez va a peor?

—A veces, sí, va a peor.

—Vuelvo en cinco minutos, Charlie —dijo, y se fue.

El sargento Barnes meneó la cabeza, sonriendo su sonrisa.

—El tipo no puede evitarlo. Se imagina que es... —Se interrumpió y miró el suelo un momento, como para dar a entender sinceridad, estoy casi segura.

—Pues yo me imagino que sigo en la cama profundamente dormida.

—Lo lamento... ¿Lleva mucho viviendo aquí, señorita Pullman?

—¿Por qué?

Volvió a menear la cabeza tal como había hecho con lo de su compañero.

—Lo que me pregunto es hasta qué punto conoce a sus vecinos.

—Los de al lado, quiere decir.

—O el del fondo del pasillo, ¿Daniel Eskew? —Ni siquiera con el tono de interrogación al final sonó a pregunta.

El agente Café volvió, dijo que había tenido unas palabras con el señor Oliver de ahí al lado y le había hecho saber que se pasaría a echar un vistazo de vez en cuando.

—Lo que nos interesa saber es cuándo fue la última vez que vio a Daniel Eskew —dijo Barnes.

Procuré recordarlo mientras tomaba unos sorbos de café. Sin leche, ni espuma, ni aromatizantes subversivos. No estaba mal, la verdad. Solo y fuerte.

—¿Qué día es hoy?

—Jueves.

—El lunes, entonces. Cena, copas, flirteo.

—Flirteo. —Eso lo dijo el héroe recién llegado.

—Aún se hacen esas cosas.

—Como retozar, ¿eh?

—Nunca se pasa de moda.

—¿Sabe dónde se le puede localizar? —preguntó Barnes, interrumpiendo nuestro festival del humor—. ¿Una dirección de trabajo, quizá?

No pude evitar reírme.

—Trabajo es una palabrota en un idioma que ese no habla.

—Entonces, ¿no puede decirnos nada?

—Lo siento.

—Usted sí tiene trabajo, ¿verdad, señorita Pullman? De chef.