Back Roseanna
Chapters (33)
  1. Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
  2. INTRODUCCIÓN
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Capítulo 5
  8. Capítulo 6
  9. Capítulo 7
  10. Capítulo 8
  11. Capítulo 9
  12. Capítulo 10
  13. Capítulo 11
  14. Capítulo 12
  15. Capítulo 13
  16. Capítulo 14
  17. Capítulo 15
  18. Capítulo 16
  19. Capítulo 17
  20. Capítulo 18
  21. Capítulo 19
  22. Capítulo 20
  23. Capítulo 21
  24. Capítulo 22
  25. Capítulo 23
  26. Capítulo 24
  27. Capítulo 25
  28. Capítulo 26
  29. Capítulo 27
  30. Capítulo 28
  31. Capítulo 29
  32. Capítulo 30
  33. RESEÑA BIBLIOGRÁFICA

—El pueblo de Norsholm —dijo Ahlberg—. Son las tres y cuarto.

La cámara sigue enfocando a la orilla. Árboles, vacas, casas. Una niña de siete u ocho años caminando por el dique del canal. Vestido de verano azul, coletas y zuecos. Alguien le tira una moneda desde el barco. Ella la recoge y hace una tímida y disimulada reverencia. Más monedas, la chica las va recogiendo. Corre un trecho para alcanzar el barco. La mano de una mujer con una brillante moneda de medio dólar entre dos dedos nervudos y uñas de color carmesí. La cámara retrocede, la señorita Bellamy con gesto entusiasta arrojando la moneda. La niña del dique con la mano derecha llena de monedas y muy desconcertada, mirada azul de asombro. Martin Beck no lo vio. Oyó a Ahlberg inspirar profundamente y a Kollberg enderezarse en la silla.

Detrás de la mujer de Klamath Falls, Oregon, en pleno ejercicio de la caridad, Roseanna McGraw atraviesa la cubierta shelterde izquierda a derecha. No va sola. A su izquierda, muy arrimada a ella hay otra persona. Un hombre con una gorra de deporte. Le saca una cabeza y durante una décima de segundo se perfila sobre un fondo claro. Todo el mundo lo vio.

—Detén la película —ordenó el fiscal.

—No, no —dijo Ahlberg.

La cámara no enfocó más al barco. Una hermosa orilla reverdecida aparecía ante la cámara. Praderas, frondosa vegetación, juncos ondeando inclinados al paso del barco, hasta que el paisaje veraniego va desapareciendo detrás de columnas de puntos blancos.

Martin Beck se sacó un pañuelo del bolsillo del pecho, lo dobló y se secó la nuca.

La imagen que invadió la pantalla resultaba nueva y sorprendente. El canal por su parte inferior trazaba una larga y suave curva entre las riberas pobladas de árboles. A lo largo de la orilla izquierda, se abría un camino y más arriba, a la izquierda, unos caballos pastaban tras una cerca. Un grupo de personas se acerca por el camino. Ahlberg se anticipó al fiscal.

—Ahí se encuentran en el oeste del lago Roxen. El barco ha pasado ya las esclusas de Berg. Mientras tanto, el fotógrafo se ha adelantado hasta Ljungsbro. Ahí tenemos las últimas esclusas antes de la de Borensberg. Son aproximadamente las siete de la tarde.

La blanca proa con la bandera de Gotemburgo aparece al fondo, tras la curva.

Los que caminan por la senda se van acercando.

—Gracias a Dios —dijo Ahlberg.

Sólo Martin Beck sabía lo que quería decir. El hombre que llevaba la cámara podía haber decidido acompañar al guía, que aprovechaba la interrupción de la esclusa para mostrar el monasterio de Vreta.