Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
Los días siguientes recibieron un par de docenas de fotos más, pero Roseanna McGraw no aparecía en ninguna.
En cambio, les llegó por fin una carta de la policía de Ankara. Estaba encima de la mesa de Martin Beck la mañana del decimotercer día —según el nuevo calendario—, pero hasta dos días después la Embajada no les proporcionó la traducción en inglés. Contra todas las expectativas, esta carta significó el primer avance en mucho tiempo.
Uno de los pasajeros turcos, el estudiante de medicina Günes Fratt, de veintidós años, admitió conocer a la mujer de las fotos, en cambio no sabía nada ni de su nombre ni de su nacionalidad. Después de «intensos interrogatorios» conducidos por un coronel de policía cuyo largo nombre prácticamente sólo se componía de las letras ö, ü y z, reconoció también que la encontró atractiva y que intentó dos «acercamientos verbales» en inglés durante el primer día de viaje, pero fue rechazado. La mujer no le contestó ni una palabra. Algún tiempo después creyó verla junto a un hombre y sacó la conclusión de que estaba casada, y que sólo casualmente y por imprudencia (¿ ?) se había dejado ver sola. Lo único que pudo decir el testigo acerca del aspecto de aquel hombre fue que «parecía ser alto». Durante la recta final del viaje, el testigo no volvió a ver a la mujer.
El tío de Günes Fratt, que fue interrogado «de manera informal» por el coronel de policía con el nombre largo, aseguró que, durante el viaje entero, mantuvo a su sobrino bajo una estricta vigilancia y que nunca lo dejó solo más de diez minutos seguidos.
La embajada añadió el comentario de que estos dos viajeros pertenecían a una familia acomodada y muy respetada.
La carta no animó mucho a Martin Beck. Era como si supiera que tarde o temprano aparecería un mensaje con ese significado. Ya habían dado un paso adelante y, mientras luchaba contra las insufribles líneas telefónicas con Motala, pensaba más que nada en cómo sería someterse a un interrogatorio intenso por un coronel de policía turco.
En la planta de arriba, Kollberg recibió la noticia con compostura.
—¿Los turcos? Sí, los tengo fichados. Varias personas los han señalado en sus informes.
Rebuscó entre sus listas.
—Las fotos número 23, 38, 102, 109…
—Es suficiente.
Martin Beck hojeó el montón de fotografías y encontró una en la que se veía muy claramente a los dos hombres. Se quedó observando un momento el bigote blanco del tío y luego se centró en Günes Fratt, de baja estatura, pero elegantemente vestido, lucía un fino bigote negro y rasgos armoniosos. No tenía mal aspecto.
Desgraciadamente, Roseanna McGraw no compartió esta opinión.