Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
A las cinco cogió un taxi para volver a casa, pero se bajó a la salida del metro y anduvo el último trecho; cualquier cosa antes que aguantar otra destructiva discusión sobre dinero, consecuencia sin duda de que su mujer le viera llegar en taxi.
No fue capaz de comer nada, pero se tomo sorbo a sorbo una manzanilla. «Sólo faltaba que me doliera también el estómago», pensó Martin Beck. Luego se fue a la cama y se durmió casi enseguida.
A la mañana siguiente se sentía algo mejor, se bebió con estoica tranquilidad una taza de agua con miel muy caliente y se comió un panecillo. La discusión sobre su estado de salud y las absurdas exigencias a los funcionarios con cargo por parte de las autoridades estatales se alargaron y cuando llegó a Kristineberg ya eran las diez y cuarto.
Había un telegrama sobre su mesa.
Un minuto más tarde Martin Beck, por primera vez durante sus ocho años de servicio, entró en el despacho de su jefe sin llamar, a pesar de que la lucecita roja de su puerta estaba encendida.
El omnipresente Kollberg estaba sentado en el borde del escritorio estudiando el plano de una planta en un edificio de apartamentos.
Hammar se encontraba donde siempre, en su silla, con su pesada cabeza apoyada entre las manos. Los dos miraron pasmados al recién llegado.
—He recibido un telegrama de Kafka.
—Vaya alegría ya por la mañana —ironizó Kollberg.
—Se llama así. Policía criminal de Lincoln, en Estados Unidos. Ha identificado a la mujer de Motala.
—¿Puede hacerse por telegrama? —preguntó Hammar.
—Eso parece.
Lo dejó sobre la mesa. Los tres leyeron el texto: that’s our girl all right. roseanna mcgraw, 27, librarian. exchange of further informations necessary as soon as possible. kafka, homicide.
—Roseanna McGraw —repitió Hammar—. Bibliotecaria. ¿A que no lo esperabais?
—Yo tenía una teoría —reconoció Kollberg, que era de Mjölby—. ¿Dónde está Lincoln?
—En Nebraska, en algún lugar del interior —contestó Martin Beck—. Creo.
Hammar volvió a leer el mensaje.
—Bueno, supongo que habrá que ponerlo todo en marcha de nuevo —concluyó—. Ahora tiene mejor pinta. ¿Pero cómo pudo acabar aquella mujer en Motala?
Devolvió el telegrama.
—Enviarán más datos por carta, supongo. Esto no aporta gran cosa.
—De sobra para nosotros —agradeció Kollberg—. Hasta ahora nadie nos había mostrado demasiada consideración.
—Muy bien —dijo Hammar tranquilamente—, primero tú y yo tenemos que arreglar esto.
Martin Beck volvió a su despacho, estuvo un rato masajeándose el nacimiento del pelo con las puntas de los dedos. La primera sensación sobrecogedora de éxito, en cierta medida, se había desvanecido. Les costó tres meses conseguir una información que solían tener gratis desde el principio en noventa y nueve casos de cada cien. Ahora quedaba el verdadero trabajo.