Back Roseanna
Chapters (33)
  1. Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
  2. INTRODUCCIÓN
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Capítulo 5
  8. Capítulo 6
  9. Capítulo 7
  10. Capítulo 8
  11. Capítulo 9
  12. Capítulo 10
  13. Capítulo 11
  14. Capítulo 12
  15. Capítulo 13
  16. Capítulo 14
  17. Capítulo 15
  18. Capítulo 16
  19. Capítulo 17
  20. Capítulo 18
  21. Capítulo 19
  22. Capítulo 20
  23. Capítulo 21
  24. Capítulo 22
  25. Capítulo 23
  26. Capítulo 24
  27. Capítulo 25
  28. Capítulo 26
  29. Capítulo 27
  30. Capítulo 28
  31. Capítulo 29
  32. Capítulo 30
  33. RESEÑA BIBLIOGRÁFICA

Enseguida se fijó en su nombre.

McGraw, R., señorita, EE UU, camarote individual A7.

Capítulo 10

—Yo sabía que llevaba razón —dijo Ahlberg—. Lo intuía. ¿Cuántos pasajeros iban a bordo?

—Sesenta y ocho según la lista —contestó Martin Beck, remarcando con el bolígrafo el número sobre el papel.

—¿Tenemos sus direcciones?

—No, sólo las nacionalidades. Va a ser un trabajo de chinos localizar a toda esta gente. Bueno, podemos eliminar a algunos, como niños y mujeres mayores, por ejemplo. Además, hay que localizar a los empleados y a la tripulación. Son dieciocho personas más, dispongo de sus direcciones.

—Dijiste que Kafka pensaba que viajaba sola. ¿Tú qué crees?

—Pues no es muy probable que la acompañara nadie. Estaba sola en su camarote que, según el plano de cubierta, se encontraba en el extremo de la popa, en la cubierta mediana.

—Debo reconocer que eso no me dice mucho —reconoció Ahlberg—. Aunque todos los veranos veo pasar esos barcos varias veces a la semana, la verdad es que no sé muy bien cómo son por dentro. Nunca he subido a ninguno. Los tres me parecen iguales.

—No son del todo idénticos, por supuesto. Creo que debemos echar un vistazo al Diana.Voy a averiguar dónde se encuentra —dijo Martin Beck.

Le contó su visita al Hotel Gillet y le dio las direcciones del segundo de a bordo y del jefe de máquinas —ambos vivían en Motala— y prometió volver a llamar en cuanto supiera dónde se hallaba amarrado el Diana.

No llevó la lista de pasajeros al despacho de su jefe hasta que acabó de hablar con Ahlberg.

Hammar le felicitó y le pidió que fuera a ver el barco cuanto antes. Mientras tanto, Kollberg y Melander se encargarían de la lista de pasajeros.

La tarea de conseguir las direcciones de sesenta y siete personas desconocidas y dispersas por todo el mundo no entusiasmó demasiado a Melander. Estaba sentado en el despacho de Martin Beck con una copia de la lista en la mano haciendo un rápido cálculo por encima.

—Quince suecos, de los cuales cinco se apellidan Andersson, tres Johansson y tres Pettersson. Parece prometedor. Veintiún americanos, menos una, claro. Doce alemanes, cuatro daneses, cuatro ingleses, un escocés, dos franceses, dos sudafricanos —a éstos habrá que buscarlos con un tam-tam—, cinco holandeses y dos turcos.

Vaci ó la pipa en la papelera con unos golpecitos y se guardó el papel en el bolsillo.

—Turcos. En el Canal de Gota —murmuró al abandonar la habitación.

Martin Beck llamó a la compañía naviera. El Dianaestaba amarrado en Bohus, un pueblo junto al rio Gota älv, a unos veinte kilómetros de Gotemburgo. Alguien de las oficinas de Gotemburgo les recibiría para mostrarles el barco.

Telefoneó a Ahlberg para decirle que cogería el tren de la tarde para Motala. Acordaron salir a las siete de la mañana del día siguiente para llegar a Bohus sobre las diez.

Por una vez no volvía a casa a la hora punta y el vagón del metro iba casi vacío.