Back Roseanna
Chapters (33)
  1. Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
  2. INTRODUCCIÓN
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Capítulo 5
  8. Capítulo 6
  9. Capítulo 7
  10. Capítulo 8
  11. Capítulo 9
  12. Capítulo 10
  13. Capítulo 11
  14. Capítulo 12
  15. Capítulo 13
  16. Capítulo 14
  17. Capítulo 15
  18. Capítulo 16
  19. Capítulo 17
  20. Capítulo 18
  21. Capítulo 19
  22. Capítulo 20
  23. Capítulo 21
  24. Capítulo 22
  25. Capítulo 23
  26. Capítulo 24
  27. Capítulo 25
  28. Capítulo 26
  29. Capítulo 27
  30. Capítulo 28
  31. Capítulo 29
  32. Capítulo 30
  33. RESEÑA BIBLIOGRÁFICA

—Sí.

—He intentado comprobar el tráfico de barcos pequeños y de barcos de carga durante aquella semana, es prácticamente imposible dar con todos los que vinieron por aquí. Pero hace una hora, de repente, uno de los chavales de la policía se acordó de que el verano pasado vio un barco de pasajeros por el mausoleo de Baltazar von Platen en dirección al oeste en plena noche. No me supo decir exactamente cuándo, ni se le ocurrió comentármelo hasta ahora. Tenía una patrulla especial por esa zona algunas noches. Parece disparatado, pero jura que es verdad. Se fue de vacaciones al día siguiente y se le olvidó.

—¿Reconoció el barco?

—No, espera. He llamado a Gotemburgo, a un par de funcionarios de la compañía naviera. Y uno de ellos me comentó que podría ser cierto. Creía que el barco se llamaba Dianay me dio la dirección del capitán.

Hubo un breve silencio. Se oyó cómo Ahlberg encendía una cerilla.

—Conseguí contactar con el capitán. Me dijo que por supuesto se acordaba, aunque habría preferido olvidarlo. Primero tuvieron que pararse durante tres horas a causa de la niebla en Havringe y luego se rompió un tubo de vapor del motor…

—Máquina.

—¿Qué?

—De la máquina. Del motor, no.

—Vale. De todas maneras estuvieron detenidos más de ocho horas en Söderköping hasta que lo repararon. Significa que se retrasaron casi doce horas y que pasaron Borenshult después de medianoche. No atracaron ni en Motala ni en Vadstena, sino que fueron directamente a Gotemburgo.

—¿Cuándo ocurrió eso? ¿Qué día?

—El segundo viaje de vuelta después de la fiesta de San Juan, es decir, la noche del cinco.

Los dos permanecieron en silencio por lo menos durante diez segundos.

Luego, Ahlberg recordó:

—Cuatro días antes de encontrarla, volví a llamar al chico de la compañía naviera para verificar las horas. Quería saber por qué, y entonces me aseguré de que todos los de a bordo habían llegado bien. ¿Y quién pudo no llegar bien? me preguntó. Pues no lo sé, le contesté. Habrá pensado seguramente que estoy loco.

Hubo otro silencio.

—¿Crees que puede significar algo? —preguntó Ahlberg al final.

—No lo sé —contestó Martin Beck—. Tal vez. De todas maneras has hecho un buen trabajo.

—Si resulta que todos los que subieron a bordo llegaron a Gotemburgo, no aportará gran cosa.

Su voz revelaba una peculiar mezcla de decepción y modesto triunfo.

—Tenemos que comprobar todos y cada uno de los datos —añadió Ahlberg.

—Por descontado.

—Hasta luego.

—Hasta luego. Te llamaré.