Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
En casa, su mujer se quejó porque parecía ausente, pero no le prestó atención y se le escaparon sus palabras.
Al tomar el café a la mañana siguiente, ella le preguntó:
—¿Libras entre Navidad y Nochevieja?
No sucedió nada hasta las cuatro y cuarto, hora en que Kollberg irrumpió ruidosamente exclamando:
—Creo que he encontrado a alguien que puede valer.
—¿Del cuerpo?
—Trabaja en Bergsgatan. Viene mañana a las nueve y media. Si está por la labor, Hammar podrá hacer gestiones para que nos la dejen.
—¿Cómo es?
—Me dio la impresión de que se parecía a Roseanna de alguna manera. Tiene mejor tipo, es un poco más guapa y seguramente más lista.
—¿Sabe algo?
—Lleva un par de años en el cuerpo. Una chica tranquila que vale mucho. Sana y fuerte.
—¿Cómo es que sabes tanto de ella?
—Apenas la conozco.
—¿Y no está casada?
Kollberg sacó un papel escrito a máquina del bolsillo interior de su americana.
—Aquí está todo lo que necesitas saber. Ahora me voy a comprar regalos de Navidad.
Los regalos, recordó Martin Beck mirando el reloj, las cuatro y media.
Preso de un repentino impulso, se acercó el teléfono y llamó a la mujer de Bodal.
—Ah, es usted. Por favor…
—¿Le llamo en mal momento?
—No…, mi marido no llega a casa hasta las seis menos cuarto.
—Sólo una pregunta. ¿Le dio algo al hombre del que hablamos ayer? Quiero decir, algún regalo, un recuerdo o algo así.
—No, regalos no. No nos hicimos nunca regalos. Sabe usted…
—¿Era tacaño?
—Más bien yo diría que era austero. Yo también lo soy. Lo único…
Silencio. Casi pudo percibir cómo se sonrojaba.
—¿Le dio usted algo?
—Un… pequeño amuleto… Sólo una baratija…
—¿Cuándo se lo dio?
—Cuando nos despedimos… Le gustaba… Yo lo llevaba casi siempre puesto.
—¿Él se lo quitó?
—Sí, pero no me importó. Siempre nos gusta guardar recuerdos…, incluso…, de todo, quiero decir…
—Muchas gracias. Adiós.
Telefoneó a Ahlberg.
—He comentado el asunto con Larsson y con el fiscal de la ciudad. El fiscal provincial está enfermo.
—¿Qué te han dicho?
—Que adelante. Se han dado cuenta de que no hay ningún otro camino. Es cierto que no parece muy ortodoxo, pero…
—Se ha hecho otras veces, aquí en Suecia también. Lo que pienso proponerte ahora resulta considerablemente menos ortodoxo aún.
—Suena interesante.
—Redacta un comunicado de prensa donde quede claro que el asesinato está a punto de resolverse.
—¿Ahora?
—Sí, enseguida. Hoy mismo. ¿Entiendes lo que digo?
—Sí, un extranjero.
—Eso es. Más o menos de este estilo: «Según nuestra información, una persona en busca y captura por la Interpol acusada del asesinato de Roseanna McGraw, ha sido detenida por la policía estadounidense».
—¿Y hemos sabido siempre que el culpable no se encontraba en Suecia?