Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
—Es la décima vez que llama hoy —comentó Kollberg.
Martin Beck cogió el auricular a la vez que miraba el reloj de pared.
Las once menos un minuto.
Oyó la voz de Sonja Hansson. Sonaba ronca y un poco temblorosa.
—¡Martin! Ha vuelto.
Apretó fuerte al auricular.
—Vamos —dijo.
Sonja Hansson colgó el auricular y miró la hora. 23:01. Dentro de cuatro minutos Ahlberg entraría por la puerta y la liberaría de aquel irremediable y escalofriante malestar enquistado en una sensación de soledad.
Le sudaban las palmas de las manos y se las secó con la bata de algodón. Al hacerlo, la tela se le ajustó por las caderas.
Entró en silencio al oscuro dormitorio y se acercó a la ventana. El parqué le resultó duro y frío bajo sus pies descalzos y se puso de puntillas, apoyó la mano derecha en el parteluz y miró furtivamente a través de la fina cortina. Había algo de movimiento allí abajo, sobre todo delante del restaurante del otro lado de la calle, pero le llevó al menos minuto y medio descubrirlo. Salió de Runebergsgatan en la dirección opuesta a su portal, pasó arrimado al muro bajo y fue hacia la calzada de Birger Jarlsgatan. En medio de las vías del tranvía giró bruscamente a la derecha. Después de medio minuto más o menos desapareció de su campo de visión. Se había movido muy rápido deslizándose con pasos largos y parecía dirigir la mirada al frente, como si no reparara en el entorno ni pensara en nada.
Regresó al salón, que por lo menos tenía algo que ofrecer: luz, calor y algunas cosas que le gustaban. Encendió un cigarrillo e inhaló el humo profunda y largamente. A pesar de ser muy consciente de lo que estaba haciendo, siempre sentía el mismo alivio cuando él se marchaba sin entrar en la cabina telefónica. Ya llevaba demasiado tiempo esperando aquella ruidosa llamada que rompería en pedazos su paz interior e introduciría un elemento irracional e inquietante en su hogar. Tenía la esperanza de que no llegara nunca. De que todo fuera un error y le permitiesen volver a la misma rutina de siempre para no pensar nunca más en aquel hombre.
Recogió el jersey de lana que llevaba tejiendo tres semanas. Se acercó al espejo y se lo puso por encima. Dentro de poco lo acabaría. Volvió a mirar el reloj. Ahlberg ya llevaba unos diez segundos de retraso. Hoy no batiría ningún record. Sonrió, porque sabía que le molestaría. Se enfrentó a su tranquila sonrisa ante el espejo y observó una hilera de pequeñas gotitas de sudor que brillaban a lo largo del nacimiento del pelo. Sonja Hansson atravesó el vestíbulo y entró en el baño. Separó los pies sobre los gélidos azulejos y se puso a lavarse la cara y las manos con agua fría, inclinada hacia delante.
Al cerrar el grifo, oyó cómo Ahlberg intentaba abrir el cerrojo con la llave. Ya llevaba un minuto de retraso.