Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
—Pues no es muy probable que la acompañara nadie. Estaba sola en su camarote que, según el plano de cubierta, se encontraba en el extremo de la popa, en la cubierta mediana.
—Debo reconocer que eso no me dice mucho —reconoció Ahlberg—. Aunque todos los veranos veo pasar esos barcos varias veces a la semana, la verdad es que no sé muy bien cómo son por dentro. Nunca he subido a ninguno. Los tres me parecen iguales.
—No son del todo idénticos, por supuesto. Creo que debemos echar un vistazo al Diana.Voy a averiguar dónde se encuentra —dijo Martin Beck.
Le contó su visita al Hotel Gillet y le dio las direcciones del segundo de a bordo y del jefe de máquinas —ambos vivían en Motala— y prometió volver a llamar en cuanto supiera dónde se hallaba amarrado el Diana.
No llevó la lista de pasajeros al despacho de su jefe hasta que acabó de hablar con Ahlberg.
Hammar le felicitó y le pidió que fuera a ver el barco cuanto antes. Mientras tanto, Kollberg y Melander se encargarían de la lista de pasajeros.
La tarea de conseguir las direcciones de sesenta y siete personas desconocidas y dispersas por todo el mundo no entusiasmó demasiado a Melander. Estaba sentado en el despacho de Martin Beck con una copia de la lista en la mano haciendo un rápido cálculo por encima.
—Quince suecos, de los cuales cinco se apellidan Andersson, tres Johansson y tres Pettersson. Parece prometedor. Veintiún americanos, menos una, claro. Doce alemanes, cuatro daneses, cuatro ingleses, un escocés, dos franceses, dos sudafricanos —a éstos habrá que buscarlos con un tam-tam—, cinco holandeses y dos turcos.
Vaci ó la pipa en la papelera con unos golpecitos y se guardó el papel en el bolsillo.
—Turcos. En el Canal de Gota —murmuró al abandonar la habitación.
Martin Beck llamó a la compañía naviera. El Dianaestaba amarrado en Bohus, un pueblo junto al rio Gota älv, a unos veinte kilómetros de Gotemburgo. Alguien de las oficinas de Gotemburgo les recibiría para mostrarles el barco.
Telefoneó a Ahlberg para decirle que cogería el tren de la tarde para Motala. Acordaron salir a las siete de la mañana del día siguiente para llegar a Bohus sobre las diez.
Por una vez no volvía a casa a la hora punta y el vagón del metro iba casi vacío.
Su esposa había empezado a darse cuenta de lo importante que era este caso para su marido y sólo se atrevió a protestar débilmente cuando le dijo que se iba de viaje. Disgustada, le hizo la maleta en silencio; Martin Beck fingió no percatarse de su ostentoso enfado. Le dio un beso furtivo en la mejilla y salió de casa una hora antes de que partiese el tren.