Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
El día siguiente, miércoles, transcurrió más o menos como el anterior. Stenström desafió al resfriado y pasó gran parte del día en la cervecería de Smålandsgatan.
Por la noche Bengtsson fue al cine. Cinco filas más atrás Kollberg sufría mientras un Señor América rubio y medio desnudo luchaba contra monstruos prehistóricos de Cinemascope.
Los dos días siguientes fueron idénticos. Stenström y Kollberg se turnaron para vigilar la existencia de un hombre desprovista de acontecimientos y estrictamente rutinaria. Kollberg volvió a visitar la bolera y se enteró de que Bengtsson era bueno y que desde hacía mucho tiempo jugaba allí todos los martes con sus tres compañeros de trabajo.
El séptimo día, un domingo, sucedió lo único interesante que había ocurrido en todo este tiempo, según Stenström: un partido de hockey sobre hielo entre las selecciones de Suecia y Checoslovaquia, que presenció junto con Bengtsson y unas diez mil personas más.
La noche del domingo al lunes, Kollberg encontró en Birkagatan un nuevo portal donde resguardarse.
Cuando por segundo sábado consecutivo vio salir a Bengtsson, cerrar con llave la puerta a las doce y dos minutos y empezar a caminar en dirección a Regeringsgatan pensó: «Ahora vamos a Löwenbröu a tomarnos una cerveza». Al abrir Bengtsson la puerta del Löwenbröu, Kollberg se situaba en la esquina de Drottninggatan alimentando su odio.
Por la noche, subió a su despacho de Kristineberg para ver las fotos de la película. Había perdido la cuenta de cuántas veces las había analizado.
Estudió cada foto detenidamente durante un buen rato y, por mucho que le costara creerlo, seguía viendo al hombre de cuya tranquila vida llevaba siendo testigo dos semanas.
Capítulo 23
—Está claro que no puede ser nuestro hombre —se lamentó Kollberg.
—¿Ya te has cansado?
—No me malinterpretes. No tengo nada en contra de dormir de pie en un portal de Birkagatan noche tras noche, pero…
—¿Pero qué?
—Durante diez días de catorce ha pasado lo siguiente: a las siete sube el estor. A las siete y un minuto abre la ventana. A las ocho menos veinticinco deja la ventana entreabierta. A las ocho menos veinte sale del portal, camina hasta Sankt Eriksplan y coge el autobús cincuenta y seis hasta el cruce de Regeringsgatan con Hamngatan, va andando hasta la empresa de transportes y a las ocho menos medio minuto abre la puerta. A las diez se dirige a la pastelería City, donde se toma dos tazas de café y un bocadillo de queso. A las doce y un minuto se marcha a uno de los dos restaurantes. Come…
—¿Qué come? —preguntó Martin Beck.