Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
—Pescado o carne asada. Termina de comer a las doce y veinte, da un rápido paseo por los jardines de Kungstrådgården o una vuelta por la plaza Norrmalmstorg y regresa al trabajo. A las cinco y cinco cierra con llave y se va a casa. Si el tiempo está jodido coge el cincuenta y seis. Si no, recorre las calles Regeringsgatan, Kungsgatan, Drottninggatan, Barnhusgatan, Upplandsgatan, Observatoriegatan, pasa por el parque de Vasa, atraviesa en diagonal Sankt Eriksplan, atraviesa Birkaplan y llega a casa. De camino hace la compra en algún supermercado donde no haya demasiada gente. Compra leche y galletas todos los días, y pan, mantequilla, queso y mermelada regularmente. Se ha quedado en casa viendo la caja tonta ocho de las catorce noches. Dos miércoles consecutivos ha ido al cine, a la sesión de las siete en Lorry. Una mierda de películas las dos veces, me tocaron a mí. A la vuelta del cine se come un perrito caliente con mostaza y ketchup. Los domingos coge el metro hasta el Estadio de Hielo para ver un partido de hockey. Eso le tocó a Stenström, claro. Dos martes consecutivos ha ido a la bolera de Kungsholmsgatan y ha estado jugando durante dos horas con tres tíos de la empresa. Los sábados trabaja hasta las doce. Luego va al Löwenbräu y se toma una jarra de cerveza. Además, pide una ensaladilla de salchichas. Luego callejea tranquilamente hasta casa. Por la calle no mira a las tías, sólo a veces carteles de películas y escaparates, sobre todo de tiendas de deporte y ferreterías. No compra periódicos y no está suscrito a ninguno. En cambio, se suele llevar dos revistas, Rekord Magasinety una de pesca de esas anticuadas. La verdad es que se me ha olvidado cómo se llama. Un descuido. En el sótano de su edificio no hay ningún ciclomotor azul de la marca Monark, pero sí uno rojo Svalan. Es suyo. Pocas veces recibe correo. No se relaciona con los vecinos, pero los saluda en la escalera.
—¿Cómo es?
—¿Cómo coño voy a saber cómo es? Dice Stenström que es de un equipo de hockey sobre hielo, del Djurgården.
—Venga, en serio.
—Da la impresión de ser un hombre sano, tranquilo, fuerte y aburrido. Deja la ventana entreabierta todas las noches. Se mueve con comodidad, viste bien, no parece nervioso. Nunca tiene prisa pero tampoco pierde el tiempo. Debería fumar en pipa. No lo hace.
—¿Ha notado vuestra presencia?
—No creo. La mía, desde luego, no.
Permanecieron en silencio un rato observando la nieve, que caía en forma de grandes copos mojados.
—¿Sabes? —comentó Kollberg—, me da la sensación de que podríamos seguir así hasta que volviera a tener vacaciones. Es un espectáculo fascinante, pero ¿el estado puede permitirse el lujo de tener así a dos personas bastante competentes…?
Se paró en medio de la frase.
—Hablando de competencia, anoche había un borracho que me soltó un «uuuh» mientras estaba allí plantado medio dormido. Casi me da un infarto…