Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
5. El cuello bastante corto. Rasgos de la cara bien definidos. Boca grande con labios carnosos. Cejas rectas, pobladas y oscuras, pestañas de un color más claro, no muy largas. Nariz recta, corta y bastante ancha. No hay rastro de maquillaje en la cara Las uñas de manos y pies duras y probablemente cortas. No hay restos de esmalte.
6. En el informe de la autopsia (que ya has leído) me fijé en que no había dado a luz ni había tenido ningún aborto. El crimen no se relacionaba con un coito convencional (no hay rastro de esperma). Había comido de 3 a 5 horas antes de morir: carne, patatas, fresas y leche. No hay rastro de enfermedades o cambios orgánicos. No fumaba.
He pedido que me despierten a las seis. Hasta luego.
Martin Beck leyó el resumen de Kollberg dos veces antes de doblar el papel y dejarlo sobre la mesilla. Luego apagó la lámpara y se dio la vuelta hacia la pared.
Había empezado ya a clarear cuando se durmió.
Capítulo 6
El calor flotaba sobre el asfalto al salir de Motala. Era temprano y la carretera se extendía lisa y vacía. Kollberg y Melander iban delante, Martin Beck atrás con la ventanilla bajada para que el viento le diera en la cara. Estaba mareado por el café que se había tomado a toda prisa mientras se vestía.
A Martin Beck le pareció que Kollberg conducía mal, y aceleraba y desaceleraba pero por lo menos no hablaba, algo poco habitual en él. Melander miraba aburrido por la ventanilla y mordía la pipa con fuerza.
Cuando llevaban tres cu artos de hora en silencio, Kollberg señaló con la cabeza un lago que se asomaba entre los árboles por la izquierda.
—El lago Boren —dijo—. Boren, Roxen y Glan. Que yo recuerde, eso es más o menos lo único que aprendimos en el colegio, joder.
Los otros dos permanecieron en silencio.
Pararon en una cafetería de Linköping. Martin Beck seguía sintiéndose mal y se quedó en el coche mientras sus compañeros desayunaban.
El desayuno animó a Melander y durante el resto del viaje, los dos hombres de dela nte intercambiaron ocasionalmente algunas frases sueltas. Martin Beck continuaba callado. No le apetecía hablar.
Al llegar a Estocolmo, se marchó directamente a casa. Su mujer estaba tomando el sol sentada en el balcón. Sólo llevaba puesto unos pantalones cortos y al darse cuenta de que se abría la puerta, cogió el sujetador de la barandilla del balcón y se levantó.
—Hola —dijo—. ¿Qué tal?
—Mal. ¿Dónde están los niños?
—Se han ido con las bicicletas a bañarse. Tienes mala cara. No habrás comido bien. Te voy a preparar el desayuno.
—Estoy cansado —dijo Martin Beck—. No me apetece desayunar.
—Pero te lo preparo en un momento. Siéntate y…
—No quiero desayunar. Voy a echarme un rato. Despiértame dentro de una hora.
Eran las nueve y cuarto. Entró al dormitorio y cerró la puerta. Cuando lo despertó, tuvo la sensación de que apenas había dormido un par de minutos.