Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
—¿Te acuerdas del chico que nos enseñó el barco en Bohus? Aquella cortina que se podía correr por si algún pasajero de cubierta quería descansar en los sofás…
Martin Beck asintió.
—El ciclomotor no estaba desde el principio. La primera vez que lo vi fue en las esclusas después de Söderköping —explicó Melander.
Sacó su pipa y la toqueteó con el pulgar.
—El hombre de la gorra de deporte también aparecía allí —dijo—. Una vez, al fondo, en ángulo.
Al proyectar de nuevo la película, comprobaron que tenía razón.
Capítulo 20
Las primeras nieves del invierno habían empezado a caer. Grandes copos mojados chocaban contra las ventanas y se derretían enseguida dejando anchos rastros sobre los cristales. Los canalones susurraban y unas pesadas gotas de agua salpicaban al caer en el alféizar.
A pesar de que sólo eran las doce del mediodía, el despacho estaba ya tan oscuro que Martin Beck tuvo que encender la lámpara de mesa. Difundía una luz agradable sobre la carpeta abierta encima de la cubierta del escritorio. El resto de la habitación quedó en penumbras.
Martin Beck apagó su último Florida, levantó el cenicero y sopló para limpiar la ceniza de la mesa.
Tenía hambre y se arrepintió de no haber acompañado a Kollberg y a Melander a la cafetería.
Habían pasado diez días desde que vieron la película que envió Kafka y seguían esperando que ocurriera algo. Como todo lo demás en la investigación, esta nueva pista se había perdido en una selva de declaraciones y testimonios dudosos. Los interrogatorios habían sido llevados casi en su totalidad por Ahlberg y su gente, con habilidad y gran energía, pero sin demasiados resultados.
Lo más positivo que se podía concluir era que, de todo lo descubierto hasta ahora, no había nada que rebatir acerca de que un pasajero de cubierta subiera al barco en Mem, Söderköping o Norsholm y permaneciera en él hasta llegar a Gotemburgo. Tampoco había indicios que pudieran negar que aquel pasajero era de constitución normal, más alto que la media y con gorra, americana de tweed color gris, pantalones grises y zapatos marrones. Ni que poseyera un ciclomotor azul de la marca Monark.
El segundo de a bordo, cuyo testimonio fue el más fructífero, creyó haber vendido un billete a un hombre que recordaba al de la película. No sabía cuándo, ni siquiera con seguridad si fue precisamente el verano pasado. También pudo ocurrir alguna de las temporadas anteriores. Sin embargo, guardaba un vago recuerdo de que aquel hombre —si realmente era la misma persona— probablemente subió con una bicicleta o ciclomotor y, además, con unas cañas de pescar y otros utensilios, lo cual podía indicar que se trataba de un pescador aficionado.
Ahlberg le tomó declaración personalmente y llevó al testigo al límite. En la carpeta de Martin Beck había una copia de las actas.
Ahlberg: ¿Resulta habitual que haya pasajeros de cubierta en los cruceros?
Testigo: Era más frecuente antes, pero siempre hay algunos.
A: ¿Donde suelen subir a bordo?