Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
—Se las arregla muy bien —le tranquilizó Kollberg—. Y el resto lo hará también estupendamente. Espero que Stenström no haga ninguna tontería y espante a Bengtsson.
—Stenström también es bueno, claro —añadió al cabo de un rato.
Martin Beck se calló.
El reloj de pared marcaba las tres y pico cuando Stenström volvió a contactar con ellos.
—Estamos en Folkungagatan. No hace más que caminar, recorre las calles una tras otra sin parar y sin darse la vuelta. Parece apático.
—Tú sigue —ordenó Martin Beck.
Hacía falta bastante para al terar la calma exterior de Martin Beck, pero después de tres cuartos de hora con los ojos entre el reloj y el teléfono se levantó de golpe y salió.
Ahlberg y Kollberg se intercambiaron una mirada. Kollberg se encogió de hombros y se dispuso a colocar las piezas en el tablero de ajedrez.
En el servicio, Martin Beck se lavó las manos y la cara con agua fría y se secó con esmero. Al salir al pasillo, se abrió una puerta y un agente en mangas de camisa le avisó que tenía una llamada.
Era su esposa.
—No te he visto el pelo en años y ahora ni siquiera te puedo llamar por teléfono. ¿Qué estás haciendo? ¿Cuando vienes a casa?
—No lo sé —murmuró con cansancio.
Siguió hablando y su voz cambió, se hizo más estridente, la interrumpió en medio de una frase.
—No tengo tiempo ahora mismo —dijo irritado—. Hasta luego. No me llames aquí.
Se arrepintió de su tono al colgar, pero se encogió de hombros y se unió a sus colegas, jugadores de ajedrez.
La tercera llamada de Stenström llegó desde Skeppsbron. Eran las cinco menos veinte.
—Acaba de entrar en el Zum Franciskaner. Está sentado solo en un rincón bebiendo cerveza. Hemos recorrido todo el barrio de Söder. Sigue comportándose de forma muy extraña.
Unas molestias en el diafragma le recordaron a Martin Beck que llevaba todo el día sin comer nada. Pidió que les trajeran comida del restaurante de enfrente. Al terminar, Kollberg se durmió en la silla y empezó a roncar.
Cuando sonó el teléfono, se despertó sobresaltado. Eran las siete.
—Ha estado en el bar todo este tiempo, lleva cuatro jarras de cerveza. Ahora se dirige al centro otra vez. Ha aligerado el paso. Te llamaré en cuanto pueda. Hasta luego.
A Stenström parecía que le faltara aliento, como si hubiera estado corriendo, y colgó antes de que a Martin Beck le diera tiempo de preguntar nada.
—Va para allá —dijo Kollberg.
La siguiente llamada se recibió a las siete y media, y fue aún más corta. No había cambiado nada.
—Engelbrektsplan. Se encamina hacia Birger Jarlsgatan bastante deprisa.
Esperaron. Con la mirada fija en el reloj o en el teléfono.
Las ocho y cinco. Martin Beck levantó el auricular en el momento en que sonó.
Stenström parecía decepcionado.
—Entró a Eriksbergsgatan y cruzó el viaducto. En ese momento nos dirigimos a la plaza Odenplan por Odengatan. Supongo que ya se va para casa. Empieza a caminar más despacio.