Back Roseanna
Chapters (33)
  1. Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
  2. INTRODUCCIÓN
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Capítulo 5
  8. Capítulo 6
  9. Capítulo 7
  10. Capítulo 8
  11. Capítulo 9
  12. Capítulo 10
  13. Capítulo 11
  14. Capítulo 12
  15. Capítulo 13
  16. Capítulo 14
  17. Capítulo 15
  18. Capítulo 16
  19. Capítulo 17
  20. Capítulo 18
  21. Capítulo 19
  22. Capítulo 20
  23. Capítulo 21
  24. Capítulo 22
  25. Capítulo 23
  26. Capítulo 24
  27. Capítulo 25
  28. Capítulo 26
  29. Capítulo 27
  30. Capítulo 28
  31. Capítulo 29
  32. Capítulo 30
  33. RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
Document

Martin Beck no paraba de morderse el nudillo del dedo índice. Al cabo de un rato preguntó:

—¿Ha empezado a sentir miedo?

—No lo creo —opinó Ahlberg—. No es una chica que se ponga nerviosa fácilmente.

Roseanna McGraw tampoco, pensó Martin Beck.

No intercambiaron muchas palabras más, pero seguían completamente despiertos cuando el ruido del tráfico de Regeringsgatan les indicó que su jornada laboral había acabado y se iniciaba la de los demás.

Algo había ocurrido, pero Martin Beck no sabía bien qué.

Otro día más como los anteriores. Ahlberg aumentó su ventaja con otro punto.

Eso fue todo.

El día siguiente era viernes. Faltaban tres días para el primer cambio de mes del añ o y el tiempo continuaba templado; lluvia y penumbra hasta el crepúsculo y luego caía la niebla.

A las nueve y diez, el estallido del teléfono rompió el silencio. Martin Beck cogió el auricular.

—Ha vuelto. Está en la parada.

Se presentaron en el lugar quince segundos antes que la última vez, a pesar de que Kollberg aparcara en Birger Jarlsgatan. Medio minuto después, Ahlberg avisó que se encontraba en su puesto en el dormitorio de Sonja Hansson.

La repetición resultó casi aterradora. El hombre que se llamaba Folke Bengtsson estuvo rondando por Eriksbergsplan durante cuatro horas. Hasta cuatro o cinco veces titubeó ante la cabina del teléfono, se tomó un perrito caliente. Luego volvió a casa. Kollberg le siguió.

Martin Beck estaba helado. Caminaba a paso ligero bajando por Regeringsgatan con las manos en los bolsillos y la mirada clavada en el suelo.

Kollberg se presentó al cabo de media hora.

—Todo tranquilo en Rörstrandsgatan.

—¿Te ha descubierto?

—Andaba como un sonámbulo. No creo que hubiera visto a un rinoceronte a dos metros de distancia.

Martin Beck marcó el número de la agente Sonja Hansson. Intuía que si no pensaba en ella como policía, con el distintivo de rango correspondiente, no aguantaría más.

—Mañana es sábado, mejor dicho, hoy. Trabaja hasta las doce. Intenta pillarlo cuando salga. Pasa junto a él medio corriendo, como si fueras de camino a algún lugar, cógele del brazo y dile: Hola, te he estado esperando. ¿Por qué no me llamas algún día? O algo así. Más o menos en ese plan. Nada más. Luego aléjate. No te abrigues demasiado.

Hizo una breve pausa.

—Esta vez tienes que darlo todo.

Acabó la conversación. Los otros dos le miraban fijamente.

—¿Quién hace mejor los seguimientos? —preguntó como ausente.

—Stenström.

—Desde el momento en que salga de su casa mañana por la mañana quiero que le sigáis. Que se encargue Stenström. Que informe de todos sus movimientos. En el otro teléfono. Dos de nosotros tenemos que estar aquí siempre. Sólo podremos abandonar el despacho de uno en uno.

Ahlberg y Kollberg continuaban con la mirada clavada en él, pero no se dio cuenta.

A las ocho menos veintidós minutos se abrió la puerta de Rörstrandsgatan, la misión de Stenström había comenzado.