Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
Bengtsson permanecía de pie en la parada del autobús de la esquina, al otro lado de la vía. Con la vista fija en su ventana. Estaba solo y, después de un rato, dirigió su mirada hacia el principio de la calle. Luego cruzó lentamente a la isleta de peatones que dividía en dos el final de la calle. Allí desapareció tras una cabina telefónica.
—Ahora —dijo Ahlberg haciendo un movimiento en la oscuridad.
Los dos vieron cómo el autobús pasaba de largo la parada y giraba para entrar en Tegnérgatan, al otro lado de la plaza, pero Bengtsson seguía sin aparecer. Resultaba imposible comprobar si había entrado en la cabina. Ahlberg agarró a Sonja del brazo mientras esperaban la señal.
Pero el teléfono no sonaba y, al cabo de unos minutos, el hombre se acercó de nuevo cruzando la calzada.
A lo largo de la acera se extendía un muro de piedra bajo que terminaba en la pared del edificio bajo su ventana. Sobre el muro se extendía una pendiente de césped que llegaba hasta la casa, justo debajo había dos servicios a los que se accedía desde la calle a través de unas puertas abiertas en el propio muro.
Cuando llegó a la acera, el hombre volvió a detenerse y alzó la vista a la casa.
Luego echó a andar lentamente hacia el portal.
Desapareció del campo de visión y Ahlberg mantuvo la mirada fija en la plaza antes de descubrir a Martin Beck, completamente inmóvil y pegado a un árbol del arriate. El tranvía de Birger Jarlsgatan lo tapó durante unos segundos y cuando pasó, Martin Beck ya no estaba.
Transcurridos cinco minutos, descubrieron otra vez a Bengtsson.
Había caminado tan arrimado al muro que no lo vieron hasta que salió a la calza da por debajo del parque y empezó a caminar en dirección a la parada del tranvía en medio de la plaza. Se paró en un puesto y compró un perrito caliente. Mientras se lo comía, se quedó al lado del puesto sin desviar la mirada de las ventanas. Luego se puso a deambular de un lado a otro por la parada con las manos en los bolsillos. De vez en cuando alzaba la vista hacia ellos.
Un cuarto de hora más tarde, Martin Beck reapareció junto al mismo árbol.
La circulación se había intensificado y un río de gente pasaba bordeando el parque. Los cines habían terminado.
Perdieron de vista a Bengtsson durante algunos minutos, pero volvieron a localizarlo entre un grupo de personas que salía del cine e iba camino de casa. Se dirigió hacia la cabina de teléfonos, pero se detuvo de nuevo a pocos metros. Luego comenzó a andar de pronto con paso apresurado hacia el arriate. Martin Beck le dio la espalda y se alejó despacio.
Bengtsson pasó de largo el pequeño parque, cruzó la calle hacia el restaurante y desapareció en Tegnérgatan. Al cabo de un par de minutos, apareció en la otra acera y dio una vuelta por la plaza.