Back Roseanna
Chapters (33)
  1. Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
  2. INTRODUCCIÓN
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Capítulo 5
  8. Capítulo 6
  9. Capítulo 7
  10. Capítulo 8
  11. Capítulo 9
  12. Capítulo 10
  13. Capítulo 11
  14. Capítulo 12
  15. Capítulo 13
  16. Capítulo 14
  17. Capítulo 15
  18. Capítulo 16
  19. Capítulo 17
  20. Capítulo 18
  21. Capítulo 19
  22. Capítulo 20
  23. Capítulo 21
  24. Capítulo 22
  25. Capítulo 23
  26. Capítulo 24
  27. Capítulo 25
  28. Capítulo 26
  29. Capítulo 27
  30. Capítulo 28
  31. Capítulo 29
  32. Capítulo 30
  33. RESEÑA BIBLIOGRÁFICA

Contestó el fiscal provincial:

—La mayoría de los delitos parecen misterios al principio.

Y así concluy ó la conferencia.

Cuando abandonaban la sala, uno de los periodistas mayores se acercó a Martin Beck, le puso la mano en el brazo y le preguntó:

—¿No sabéis nada?

MartinBeck negó con la cabeza.

En el despacho de Ahlberg dos agentes estaban repasando todos los informes de las entrevistas de la operación puerta a puerta.

Kollberg se acercó a la mesa, echó un vistazo a un par de páginas y se encogió de hombros.

Entró Ahlberg. Se quitó la americana y la colgó en el respaldo de la si lla. Luego se volvió hacia Martin Beck y dijo:

—El fiscal provincial quiere hablar contigo. Continúa ahí dentro.

El fiscal provincial y el fiscal de Motala estaban aún sentados en la mesa.

—Beck —empezó el fiscal provincial—, ya no considero necesaria su presencia aquí. Simplemente no hay trabajo para ustedes tres.

—Estoy completamente de acuerdo.

—Además, creo que gran parte del trabajo pendiente puede realizarse en otro lugar.

—Es posible.

—En resumen, no quiero retenerle aquí, sobre todo si su presencia resulta más necesaria en otro sitio.

—Soy de la misma opinión —se sumo el fiscal de la ciudad.

—Yo también —convino Martin Beck.

Se dieron la mano.

En el despacho de Ahlberg seguía remando el silencio.

MartinBeck no lo rompió.

Después de un rato entró Melander. Se quito el sombrero, lo colgó y saludó serio con un movimiento de cabeza. Luego se acercó a la mesa, a la máquina de escribir de Ahlberg, metió una hoja de papel y escribió unas líneas. Lo firmó y lo archivó en una de las carpetas de la estantería.

—¿Tienes algo? —preguntó Ahlberg.

—No —respondió Melander.

No se había inmutado desde que entró.

—Regresamos mañana —dijo Martin Beck.

—Menos mal —contestó Kollberg bostezando.

Martin Beck dio un paso hacia la puerta, se dio la vuelta y miró al hombre de la mesa.

—¿Me acompañas al hotel? —le propuso.

Ahlberg inclinó la cabeza hacia atrás y miró al techo. Luego se levantó y se puso la americana.

En el vestíbulo del hotel se despidieron de Melander.

—Ya he cenado. Buenas noches.

Melander era un hombre de costumbres sanas. Además, economizaba el dinero de las dietas y se mantenía fundamentalmente a base de perritos calientes y refrescos.

Los otros tres entraron en el comedor y se sentaron.

—Un gin tonic —dijo Koll berg—. Gordon y Schweppes.

Los demás pidieron filete, cerveza y aguardiente. Le trajeron a Kollberg su bebida y la apuró en tres tragos. Martin Beck sacó la nueva descripción y la leyó.

—Me voy a la cama —dijo Kollberg.

—¿Me haces un favor?

—Siempre dispuesto.

—Quiero que redactes otra descripción especialmente para mí. No sólo de las características físicas sino una descripción más completa. No la de un cadáver sino la de una persona. Cómo podría haber sido cuando vivía. No hay prisa.

Kollberg se quedo callado un rato.