Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
—¿Dónde demonios se ha metido Ahlberg?
Larsson cogió el teléfono y cuarenta segundos más tarde Ahlberg entró en la sala con los ojos rojos, sudando y la americana a medio poner.
El fiscal provincial se levant ó y dio unos golpecitos sobre la mesa con su estilográfica. Era alto y fuerte, y vestía de manera sumamente correcta, rayando en la elegancia.
—Señores míos, me alegra ver a tantos periodistas en esta improvisada sesión informativa. Distingo representantes de todos los medios de comunicación, prensa, radio y televisión.
Hizo una ligera reverencia hacia el cámara de televisión, aparentemente el único entre los presentes que era capaz de identificar con segu ridad.
—Asimismo, me alegra poder decir sin dudarlo que su manera de tratar esta trágica y… delicada historia, ha sido, en general, correcta y responsable. Por desgracia, hay también algunas excepciones, el sensacionalismo y las especulaciones sin fundamento están fuera de lugar en casos tan… lamentables como…
Kollberg bostezó exageradamente y ni se molestó en taparse la boca con la mano.
—Como comprenderán ustedes, y seguramente no hará falta que vuelva a insistir en ello, esta investigación es de una naturaleza especialmente… delicada y…
Desde el otro extremo de la sala, Ahlberg observaba a Martin Beck con sus claros ojos azules llenos de un triste entendimiento.
—Y precisamente estos… casos tan especiales exigen, como es lógico, un tratamiento más que prudente.
El fiscal provincial continuaba hablando. Martin Beck miró por encima del hombro al periodista de delante y vio cómo dibujaba una estrella en su cuaderno con maestría. El cámara de televisión estaba apoyado en el trípode.
—… y naturalmente no queremos, bueno, ni queremos ni podemos ocultar que estamos muy agradecidos por toda la ayuda recibida en esta… delicada investigación. En resumen, necesitamos la ayuda de lo que solemos llamar «el público, el gran detective».
Kollberg bostezó. La cara de Ahlberg ya sólo mostraba desesperación.
Finalmente, Martin Beck se atrevió a mirar a los presentes en la sala. Conocía a tres de los periodistas, eran mayores y venían de Estocolmo; reconoció a dos más. Casi todos parecían muy jóvenes.
—Así, pues, señores míos, el equipo que dirige esta investigación está a su entera disposición —concluyó el fiscal y se sentó.
Con aquella intervención, por lo visto había dicho todo lo que tenía que decir. El comisario Larsson contestó al principio a las preguntas. La mayoría las hacían tres jóvenes reporteros que se interrumpían entre ellos sin cesar. Martin Beck reparó en que algunos de los periodistas permanecían en silencio y no tomaban notas. La actitud que demostraban hacia la dirección de la investigación parecía mostrar compasión y comprensión. Los fotógrafos bostezaban. La sala estaba ya muy cargada por el humo del tabaco.
Pregunta: ¿Por qué no se ha convocado una rueda de prensa hasta ahora?
Respuesta: El equipo que dirige la investigación se ha visto desbordado por una sobrecarga de trabajo. Además, ciertos datos sustanciales son de tal género que no se pueden hacer públicos sin arriesgar la investigación.