Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
—Por Dios, no se burle de mí. Abandonadas a merced del deseo. De su inmundicia.
Treinta segundos de silencio.
—¿Realmente eso es lo que cree?
—Así deben pensar todas las personas de verdad, menos las viciosas y degeneradas.
—¿No le gustaron esas mujeres? Roseanna McGraw y la chica de Runebergsgatan, no me acuerdo cómo se llama…
—Sonja Hansson —escupió su nombre.
—Eso es. ¿No le gustó?
—La odio. Odié a la otra también. No me acuerdo muy bien. ¿No ve cómo se comportan? ¿No se da cuenta de lo que significa ser hombre?
Hablaba rápido y acaloradamente.
—No. ¿Qué quiere decir?
—Uf. Son repugnantes. Brillan y triunfan con su depravación y luego son insistentes y descaradas.
—¿Suele recurrir a prostitutas?
—No son tan asquerosas ni tan desvergonzadas. Y cobran, por lo menos hay un mínimo de honra y dignidad en ellas.
—¿Se acuerda de lo que me contestó cuando le hice esta misma pregunta la otra vez?
El hombre parecía consternado y nervioso.
—No…
—¿Se acuerda de que le pregunté si solía acudir a prostitutas?
—No, ¿lo hizo?
Martin Beck volvió a guardar silencio. Se frotó la nariz.
—Quiero ayudarle —dijo al final.
—¿Cómo? ¿Ayudarme? ¿Cómo me va a ayudar? ¿Ahora? ¿Después de esto?
—Quiero ayudarle a recordar.
—Sí.
—Pero tiene que intentarlo usted también.
—Sí.
—Procure recordar qué pasó después de subir a bordo del Dianaen Söderköping. Llevaba su ciclomotor y los aparejos de pesca, y el barco llegó con bastante retraso.
—Sí, me acuerdo. Hacía buen tiempo.
—¿Qué hizo después de subir a bordo?
—Creo que desayuné. No había comido antes, recuerdo que pensaba tomar algo a bordo.
—¿Habló con sus compañeros de mesa?
—No, creo que estaba solo. Los demás ya habían desayunado.
—¿Y luego? ¿Después de desayunar?
—Supongo que salí a cubierta. Sí, eso. Hacía muy buen tiempo.
—¿Habló con alguien?
—No, me encontraba solo en la proa. Luego llegó la hora de la comida.
—¿Comió solo también?
—No, había algunos comensales más sentados en mi mesa, pero no hablé con nadie.
—¿Compartía Roseanna McGraw su misma mesa?
—No me acuerdo. No reparé mucho en los de alrededor.
—¿Se acuerda de cómo la conoció?
—No, la verdad es que no.
—La última vez me dijo que ella le preguntó algo y empezaron a hablar.
—Sí, de hecho, ahora me acuerdo. Me preguntó cómo se llamaba el sitio por el que estábamos pasando.
—¿Cómo se llamaba?
—Norsholm, creo.
—¿Y luego se quedó hablando con usted?
—Sí. No me acuerdo de casi nada de lo que me dijo.
—¿Le cayó mal ya desde el principio?
—Sí.
—¿Entonces por qué habló con ella?
—Se metió. Simplemente se puso a hablar y a reír. Era igual que las demás. Una desvergonzada.
—¿Qué hizo luego?
—¿Luego?
—Sí, ¿no bajaron a tierra juntos?
—Ella me acompañó cuando bajé a tierra.
—¿De qué hablaron?
—No me acuerdo. De todo. De nada en particular. Recuerdo que me pareció un buen ejercicio para mi inglés.
—Al volver al barco, ¿qué hicieron?