Chapters (33)
- Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
- INTRODUCCIÓN
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
—¿Ha oído lo que le he dicho? Me parece extraño que no se haya enterado de nada de lo que se ha escrito acerca de este suceso. Simplemente no le creo.
—Si hubiese tenido idea del asunto naturalmente que me habría presentado voluntariamente.
—¿Se habría presentado?
—Sí, como testigo.
—¿De qué?
—Para contarles que la había conocido. ¿Dónde la mataron? ¿En Gotemburgo?
—No, en el barco, en su camarote. Mientras usted se encontraba a bordo.
—Parece imposible.
—¿Por qué?
—Alguien tuvo que haberse dado cuenta. Todos los camarotes estaban ocupados.
—Me parece aún más imposible que usted no haya oído hablar del tema. Me cuesta creerlo.
—Espere, puedo explicárselo. Nunca leo los periódicos.
—Se ha hablado mucho del asunto también por la radio, y en las noticias de la televisión. Precisamente estas fotografías se han difundido en el telediario Aktuellt.Varias veces. ¿No tiene televisor?
—Sí, claro. Pero sólo veo documentales sobre naturaleza y películas.
Martin Beck se quedó en silencio observándolo detenidamente. Después de un minuto preguntó:
—¿Por qué no lee los periódicos?
—No informan de nada que me interese. Sólo política y… sí, precisamente ese tipo de cosas que usted ha mencionado, asesinatos, accidentes y otras miserias.
—¿No lee nunca nada?
—Sí, algunas revistas. De deporte, pesca, vida al aire libre, quizás alguna que otra novela de aventuras.
—¿Qué revistas?
— Idrottsbladet,prácticamente todos los números. Suelo comprar All-Sport, Rekord Magasinety Lektyr.La leo desde que era pequeño. A veces también compro revistas estadounidenses de pesca deportiva.
—¿No tiene costumbre de hablar de los sucesos del día con sus compañeros de trabajo?
—No, me conocen y saben que no me interesa. Hablan entre ellos, claro, pero no suelo prestar atención. Ésa es la verdad.
Martin Beck no dijo nada.
—Entiendo que le parezca raro. Pero repito que es la verdad. Tiene que creerme.
—¿Es usted religioso?
—No. ¿Por qué lo pregunta?
Martin Beck cogió un cigarrillo y acercó el paquete al hombre.
—No, gracias, no fumo.
—¿Bebe alcohol?
—Me gusta la cerveza. Suelo tomar una o dos los sábados, después del trabajo. Nunca bebo nada más fuerte.
Martin Beck le contemplaba sin desviar la mirada. El hombre no hizo ningún intento por evitarla.
—Bueno, le hemos encontrado al final. Eso es lo importante.
—Sí. ¿Cómo lo consiguieron? Quiero decir, averiguar que yo iba a bordo.
—Ah, una casualidad. Alguien le reconoció. Ahora la situación es la siguiente: hasta el momento usted es la única persona con la que hemos contactado que habló con esta mujer. ¿Cómo la conoció?
—Creo que… ahora me acuerdo. Dio la casualidad de que estaba a mi lado y me preguntó algo.
—¿Y?
—Le contesté. Lo mejor que pude. Mi inglés no es muy bueno.
—Pero suele leer revistas estadounidenses, ¿no?
—Sí, y precisamente por eso suelo aprovechar la ocasión para conversar con ingleses y estadounidenses. Para practicar. No ocurre muy a menudo. Una vez por semana suelo ir a ver alguna película estadounidense, la que sea. Y habitualmente veo las series policíacas de la tele, aunque el contenido no me interesa.