Back Roseanna
Chapters (33)
  1. Sjowall amp; Wahlöö - Roseanna
  2. INTRODUCCIÓN
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Capítulo 5
  8. Capítulo 6
  9. Capítulo 7
  10. Capítulo 8
  11. Capítulo 9
  12. Capítulo 10
  13. Capítulo 11
  14. Capítulo 12
  15. Capítulo 13
  16. Capítulo 14
  17. Capítulo 15
  18. Capítulo 16
  19. Capítulo 17
  20. Capítulo 18
  21. Capítulo 19
  22. Capítulo 20
  23. Capítulo 21
  24. Capítulo 22
  25. Capítulo 23
  26. Capítulo 24
  27. Capítulo 25
  28. Capítulo 26
  29. Capítulo 27
  30. Capítulo 28
  31. Capítulo 29
  32. Capítulo 30
  33. RESEÑA BIBLIOGRÁFICA

—Bueno, si es así seguro que te saldrá bien.

Martin Beck permaneció callado unos segundos. Después añadió:

—Es nuestra única oportunidad. Él sólo necesita un estímulo y nosotros vamos a dárselo.

—De acuerdo, lo intentaré. Espero conseguirlo. No va a ser fácil.

—Ponte a repasarlo todo, informes, películas, actas de las declaraciones, cartas, fotografías. Luego hablaremos otra vez.

—¿Ahora?

—Sí. Hoy. Hammar se encargará de los trámites de tu traslado de Bergsgatan hasta que todo haya acabado. Y otra cosa. Tenemos que ir a tu casa y ver cómo es. Además nos hace falta una copia de tus llaves. El resto, más adelante.

Diez minutos más tarde, la dejó en un despacho junto a Kollberg y Melander. Se quedó sentada con los codos apoyados en la mesa leyendo el primer informe.

Por la tarde llegó Ahlberg. Apenas le había dado tiempo a sentarse cuando Kollberg irrumpió a toda prisa y le empezó a dar tantas palmadas en la espalda que casi lo tira de la silla.

—Gunnar regresa mañana —recordó Martin Beck—. Antes de irse, sería bueno que echara un vistazo a Bengtsson.

—Pues tendrá que hacerlo con mucha cautela —replicó Kollberg.

—Pero a mí no me conoce —señaló Ahlberg.

—Podríamos pillarle cuando salga del trabajo —sugirió Kollberg.

—Entonces tenemos que salir ya. Todos los habitantes de esta ciudad más la mitad del resto de la población está dando vueltas por ahí comprando regalos de Navidad.

Ahlberg chasqueó los dedos y se golpeó la frente con la palma de la mano.

—Los regalos. Lo había olvidado por completo.

—Yo también —admitió Martin Beck—. Mejor dicho, pienso en ellos de vez en cuando, pero no me he movido mucho que digamos.

El atasco resultó desesperante. A las cinco menos dos minutos dejaron a Ahlberg en Norrmalmstorg y le vieron desaparecer entre la multitud por Smålandsgatan.

Kollberg y Martin Beck pararon delante de Berns y se quedaron dentro del coche esperando. Veinticinco minutos más tarde, Ahlberg subió al asiento de atrás y dijo:

—Sin duda es el de la película. Ha cogido el autobús cincuenta y seis.

—Hasta Sankt Eriksplan. Luego compra leche, mantequilla y pan y se va a casa. Cena, ve la caja tonta y se acuesta en la camita —resumió Kollberg—. ¿Dónde os dejo?

—Aquí. Ahora tenemos la gran oportunidad de buscar los regalos —propuso Martin Beck.

Una hora más tarde, en el departamento de juguetes, Ahlberg se lamentó:

—Kollberg se equivocó. La otra mitad de la población también está aquí.

Tardaron casi tres horas en elegir y una más en llegar a Bagarmossen.

Al día siguiente, Ahlberg conoció a la chica que iba a hacer de anzuelo. Sólo había repasado una mínima parte del material sobre el caso.

Por la noche se fue a Mo tala a celebrar la Navidad. Acordaron poner en marcha el plan después de Año Nuevo.