Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—Es cierto.

—Pero es que en esta época del año el día dura bien poco.

Clarke se echó a reír.

—Ahí me has hecho picar —dijo, intentando congraciarse con ella para averiguar si aquella mujer sabía algo de Mackie y estaba al tanto de que la policía indagaba, o había leído el artículo del News—. Bueno, ¿qué puedes decirme de Mackie?

—Que fuimos novios unas semanas —contestó con una sonrisa que iluminó su rostro—. Unas semanas locas.

—¿Cómo de locas?

—Lo bastante para que nos detuvieran —contestó enarcando las cejas—, no te digo más —añadió dando un bocado al bollo y a continuación una calada al cigarrillo.

—¿Te contó algo de su vida?

—Ahora que está muerto, ¿qué puede importar?

—A mí me importa para averiguar el motivo del suicidio.

—¿Por qué se suicida la gente?

—Yo no lo sé.

La mujer dio un sorbo de té.

—Porque se rinden.

—¿Eso es lo que le sucedió a él, que se rindió?

—Con toda la mierda de este mundo... —dijo Dezzi moviendo la cabeza—. Yo intenté una vez cortarme las venas rajándome las muñecas con un vidrio. Me dieron ocho puntos —añadió volviendo hacia arriba la muñeca, pero Clarke no vio señal de cicatrices—. No debí de hacerlo muy en serio, ¿verdad?

Clarke sabía que muchos mendigos eran enfermos mentales y de pronto se preguntó si Dezzi no estaría contándole patrañas.

—¿Cuándo viste a Mackie por última vez?

—Hará unas dos semanas.

—¿Qué impresión te dio?

—Buena —respondió la mendiga metiéndose en la boca el último trozo del bollo, que deglutió con un sorbo de té antes de seguir fumando.

—Dezzi, ¿de verdad que le conocías?

—¿Pero qué dices?

—No me has contado nada de él.

Vio que se molestaba y temió que se fuese.

—Si le tenías afecto —añadió— ayúdame a saber cómo era.

—Nadie conocía a fondo a Mackie. Era muy reservado.

—¿Pero a ti te hizo confidencias?

—No creas, sólo me contó algunas historias... pero debían de ser cuentos.

—¿Historias, cómo?

—Me habló de sitios en que había estado, en Estados Unidos, Singapur y Australia. Yo pensé que habría navegado en la marina o algo así, pero él me dijo que no.

—¿Tenía una buena formación?

—Sí que sabía cosas, y estoy convencida de que había estado en Estados Unidos, pero en los otros sitios, no sé. Londres sí que lo conocía porque sabía por dónde pasan turistas y las estaciones del metro. Cuando nos conocimos...

—¿Qué?

Clarke estaba aterida y no sentía los pies de puro frío.

—No sé, me dio la impresión de que estaba de paso. Como si pensara marcharse a algún sitio.

—Pero no se fue.

—No.

—¿Quieres decir que era vagabundo más por decisión propia que por necesidad?

—Tal vez —respondió Dezzi abriendo mucho los ojos.

—¿Qué sucede?

—Puedo demostrarte que le conocía.

—¿Cómo?

—Por un regalo que me hizo.

—¿Qué regalo?

—Pero como a mí en realidad no me servía... lo di.

—¿Lo regalaste?

—Bueno, lo vendí en una tienda de objetos usados de Nicolson Street.