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—Su empresa hizo obras en Queensberry House en 1979 —dijo.
—¿En el hospital? —ella asintió con la cabeza—. Las empezamos en el setenta y ocho y acabamos el setenta y nueve —dijo mirándoles—. Seguramente como ustedes son tan jóvenes no lo recuerdan, pero aquel invierno hubo huelga de basuras, huelga de maestros y huelga hasta en el depósito de cadáveres —añadió con un bufido mirando a Hood y dándose unos golpecitos en la cabeza—. ¿No ve, hijo, como tengo perfectamente la bola? Lo recuerdo como si fuera ayer. Empezamos las obras en diciembre y acabamos en marzo. El día ocho, concretamente.
—Es increíble —comentó Wylie sonriendo.
Kirkwall recibió complacido el cumplido. Era un hombre alto, ancho de hombros y de mandíbula cuadrada. No debía de haber sido guapo, pero se lo imaginaba con carisma y presencia.
—¿Saben por qué me acuerdo? No, son muy jóvenes —dijo negando con la cabeza.
—¿Por el referéndum? —aventuró Hood.
Kirkwall hizo un gesto de decepción y Wylie miró de nuevo a Hood: tenían que ganarse a aquel hombre.
—¿No fue el uno de marzo? —añadió Hood.
—Efectivamente. Ganamos la votación pero perdimos la guerra.
—Un contratiempo transitorio —no pudo por menos de añadir Wylie.
—Si llama usted transitorio a una situación que se prolonga veinte años... —replicó él mirándola irritado—. Era una ilusión que... —Wylie vio que iba a ponerse nostálgico, pero la sorprendió al decir—: Imagínese lo que habría podido ser: nuevas inversiones, nuevas obras y más negocio.
—¿Un auge en la construcción?
Kirkwall movió la cabeza de un lado a otro al pensar en la ocasión perdida.
—Según su hijo, el auge se produce ahora.
—Sí.
Wylie no creía haber detectado nunca tal amargura en un monosílabo. ¿Habría aceptado Jack Kirkwall voluntariamente la jubilación o le habrían obligado?
—Nos interesan las obras del interior del hospital —dijo Hood—. ¿Qué empresas eran contratistas?
—La techumbre la hizo Caspian —respondió Kirkwall con voz monótona, inmerso en sus pensamientos—. El andamiaje era de Macgregor, y Coghill hizo gran parte de la obra interior con nuevo enlucido de paredes y nuevo entabicado.
—¿En el sótano?
Kirkwall asintió con la cabeza.
—Lo redistribuyeron para hacer una lavandería nueva y una sala de máquinas.
—¿Recuerda si dejaron al descubierto los muros primitivos —dijo Wylie tendiéndole la foto de las chimeneas—, tal como se aprecia aquí? —Kirkwall miró y dijo que no con la cabeza—. ¿No hizo una empresa llamada Coghill´s las obras del sótano?
Kirkwall hizo un gesto afirmativo.
—Que ya no existe. Cerró.
—¿El señor Coghill vive todavía?
Kirkwall se encogió de hombros.
—No tendría por qué haber cerrado. Era una buena empresa y Coghill trabajaba bien.
—La construcción es un sector en que hay mucha competencia —comentó Wylie.
—No lo digo por eso —replicó el hombre mirándola.
—¿Por qué, entonces?
—Tal vez sea meterme en lo que no me importa —contestó Kirkwall pensativo—, pero a mi edad ¿qué puede importar? —dijo con un profundo suspiro—. Según he oído, lo que sucedió es que Dean se enemistó con el señor Importante.