Contents ( 3)
—Hemos consultado a la oficina del Fiscal.
—Bueno, ¿y qué va a hacer ese Sendak que no puedan hacer nuestros cerebritos?
Llamaron a la puerta.
—Tal vez el profesor pueda explicárselo —dijo Hood con tono de alivio.
El profesor Ross Sendak rondaba los sesenta aunque conservaba un abundante pelo negro. Era el más bajo de los presentes pero se movía con tal aplomo y seguridad en sí mismo que imponía respeto. Una vez hechas las presentaciones tomó asiento y extendió las manos sobre la mesa.
—Piensan que puedo ayudarles —dijo— y puede que así sea, pero necesito que envíen el cráneo a Glasgow. ¿Es posible?
Wylie y Hood cruzaron una mirada y Rebus carraspeó.
—Profesor, tengo la impresión de que el equipo de arqueólogos aquí presente no me ha puesto al corriente.
Sendak asintió con la cabeza y realizó una profunda inspiración.
—Se trata de tecnología por láser, inspector —dijo sacando de la cartera un ordenador portátil que encendió—. Se denomina reconstrucción facial forense. Sus colegas patólogos han verificado que el difunto tenía pelo castaño. Es un principio. Lo que haremos en Glasgow es colocar el cráneo sobre una plataforma giratoria y enfocarle un rayo láser para recoger por ordenador los datos que configuren una imagen detallada, a partir de la cual se establecen los volúmenes faciales, y con otros datos, como son la complexión física de la víctima y su edad en la fecha de la muerte, conferimos una mayor precisión a la imagen final. Algo así —añadió volviendo el ordenador hacia Rebus.
Rebus se puso en pie porque sentado no apreciaba más que un recuadro negro en la pantalla. Hood y Wylie se levantaron también y se situaron en posición de captar el rostro que parpadeaba en el monitor. Moviéndolo a derecha e izquierda desaparecía, pero visto de frente era sin duda la cara de un hombre joven. Era una cara como de maniquí y de ojos mortecinos, la oreja visible resultaba algo rudimentaria y se notaba que el pelo era un añadido.
—Este pobre hombre se pudría en una montaña de las Tierras Altas y, cuando lo encontraron, su estado no permitía una identificación normal porque las alimañas y los agentes meteorológicos habían hecho su obra.
—¿Y creen que ese es el aspecto físico que tenía en vida?
—Yo diría que es bastante aproximado. Ojos y cabello son hipotéticos, pero la estructura general del rostro es la real.
—Es asombroso —comentó Hood.
—Con ese recuadro de la pantalla —prosiguió Sendak— podemos modificar la configuración del rostro..., cambiar el pelo, añadir bigote o barba y hasta cambiar el color de los ojos. De este modo, pueden imprimirse unas variantes y distribuirlas al público para la identificación —señaló un cuadrado gris en la esquina superior de la pantalla, en el que aparecía como una versión de juguete de diversos complementos para obtener un retrato robot, como un contorno rudimentario de cabezas, sombreros, peinados y gafas.
Rebus miró a Hood y a Wylie, que estaban pendientes de que él diera su conformidad.