Contents ( 3)
Encajaba bien en su papel con aquella camiseta sucia de mangas deformadas, vaqueros pitillo negros y botas de motorista. Lucía muñequeras de cuero con cuentas y una estrella de cinco puntas alrededor del cuello. Si Rebus hubiese estado buscando un bajista para un grupo de rock le habría escogido a él entre los posibles candidatos.
—¿Sabes que tratamos de averiguar quién podía querer matar a tu padre?
—Sí.
—Cuando hablabas con él, ¿te dio alguna vez... la impresión de que tuviera enemigos o de que le preocupase alguien?
—No me lo habría dicho —respondió Grief negando con la cabeza.
—¿A quién se lo habría dicho?
—Tal vez al tío Cammo —dijo Grief haciendo una pausa—. O a la abuela —movía los dedos imitando al bajista cuya guitarra sonaba por el altavoz—. Quiero que oiga esta canción sobre la última vez que hablamos mi padre y yo.
Rebus prestó oído y no le pareció un ritmo elegíaco precisamente.
—Discutimos porque él me reprochaba que perdía el tiempo y que tío Hugh tenía la culpa.
—¿Cómo se titula la canción? —preguntó Rebus, que no captaba la letra.
—Ahora entra el estribillo —dijo Grief, y empezó a cantar esta vez claramente para Rebus:
Tu corazón no entendía la belleza,
tu mente no aceptaba la verdad,
creo que no tengo más remedio
que hacerte un reproche final.
Sí, escucha el reproche final.
Hugh Cordover y Lorna Grieve acompañaron a Rebus hasta el coche.
—Sí —dijo Cordover que llevaba un móvil en la mano—, seguramente es su mejor canción.
—¿Sabe que está dedicada a su padre?
—Bueno, discutieron y a Peter le inspiró una canción —replicó Cordover encogiéndose de hombros—. ¿Significa eso que es sobre su padre? Creo que es usted excesivamente literal, inspector.
—Tal vez.
Lorna Grieve no parecía acusar los efectos del coñac. Miró el Saab de Rebus como si fuese un objeto de museo.
—¿Todavía fabrican este coche? —preguntó.
—En el nuevo modelo han suprimido los faros de gas —replicó Rebus arrancándole una sonrisa.
—Su sentido del humor es refrescante.
—Una cosa más... —dijo Rebus inclinándose a coger el disco de Obscura del coche.
—Dios mío —exclamó Cordover—, pocos deben de quedar de ésos.
—No me extraña —comentó su mujer admirando su retrato en la portada.
—Me gustaría que me lo firmara.
—Con mucho gusto —dijo Cordover cogiendo el bolígrafo que le tendía—. Pero, un momento, ¿con mi nombre o con el de High Chord?
—Con el de High Chord, ¿no? —contestó Rebus.
Cordover escribió el nombre en la portada y se lo devolvió.
—¿Y la modelo...? —preguntó Rebus.
Lorna Grieve le miró y él creyó que iba a negarse, pero al fin ella cogió el bolígrafo y autografió su nombre en la portada, estudiándola después detenidamente.
—¿Tienen idea de qué significan los jeroglíficos? —preguntó Rebus.
Cordover se echó a reír.
—En absoluto. Un conocido mío estaba metido en el rollo.
Rebus advirtió en ese momento que algunos de los signos eran estrellas de cinco puntas como la del colgante de Peter.