Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—Y Jack Bruce de Glasgow.

—Está muy enterado —dijo Cordover sonriendo.

—Algo. Sé, por ejemplo, que la madre de Peter se llama Billie Collins. ¿Se han puesto en contacto con ella?

—¿Y por qué diablos íbamos a hacerlo? —dijo Lorna—. Que se compre un periódico.

—Creo que Peter ha hablado con ella —añadió Cordover.

—¿Dónde vive?

—En Saint Andrews, me parece —contestó Cordover mirando a su mujer para que lo confirmara—. Es profesora de un colegio.

—En la Academia Haugh —añadió Lorna—. ¿Acaso es sospechosa?

—¿Querría usted que lo fuese? —preguntó Rebus despreocupadamente, sin alzar la vista de lo que anotaba en el bloc.

—Cuantos más sospechosos, más divertido.

—¡Por Dios santo, Lorna! —exclamó Cordover bajándose de un salto de la mesa de billar.

—Ah, es verdad, esa mujer siempre te puso tierno —espetó ella—. ¿O en realidad hacía que se te endureciera alguna cosa? —añadió mirando a Rebus—. Hugh siempre se disculpa por ser un salido alegando que es artista. Pero la verdad es que en la cama nunca ha pasado de ser un artista mediocre, ¿a que sí, cielo?

—No eran más que habladurías —dijo Cordover, que paseaba ahora por la habitación.

—A propósito de habladurías —dijo Rebus—. ¿Han oído una sobre Josephine Banks?

Lorna Grieve contuvo la risa y juntó las manos como si fuera a rezar.

—Oh, sí, que sea ella la asesina. Sería ideal.

—Inspector, Roddy era una figura pública —dijo Cordover mirando a su esposa— y en el ámbito público circulan toda clase de rumores. Es normal.

—¿Ah, sí? —dijo Lorna—. Fascinante. ¿Quieres decirme qué rumores has oído sobre mí?

Cordover permaneció en silencio. Rebus pensó que tenía una réplica en la punta de la lengua, algo así como «ninguno, lo que demuestra que estás fuera de juego», pero se la guardó.

Consideró que había llegado el momento de lanzar una granada en el cuarto.

—¿Quién es Alasdair? —preguntó.

Se hizo un silencio, que se prolongó mientras Lorna daba un trago a su bebida y Cordover seguía apoyado en la mesa de billar; Rebus dejó apurar su efecto.

—Es hermano de Lorna —dijo al fin Cordover—, pero yo no lo conozco.

—Alasdair era el mejor de todos nosotros —dijo Lorna con voz pausada—. Por eso no aguantó quedarse aquí.

—¿Qué le sucedió? —preguntó Rebus.

——Que un buen día marchó a Dios sabe dónde —contestó ella con un gesto amplio sin soltar el vaso en el que no quedaba más que hielo.

—¿Cuándo?

—Hace mucho tiempo, Hombre mono. Ahora vive en un clima cálido. Que le vaya bien —se volvió hacia Rebus señalando su mano izquierda—. No lleva alianza. ¿Cree que yo sería una buena detective? Además, usted también bebe porque no ha quitado ojo a mi vaso. ¿O es que le interesa otra cosa? —añadió con un mohín.

—Inspector, no le haga caso.

—¡A mí se me hace caso! —vociferó ella tirándole el vaso—. ¡No pienses que estoy pasada de moda! ¡Sigo en el candelero!

—Sí, desde luego, las agencias hacen cola en la puerta y el teléfono no para de sonar.